Un turista inglés de 55 años se encuentra atrapado desde el año 1996 en Pisa, región italiana de la Toscana, debido al derrumbe del campanario de la catedral de la ciudad. El viajero, que se encontraba visitando la Plaza del Duomo en el momento del desprendimiento, reaccionó a tiempo y pudo sujetar la torre antes de que tocase el suelo, salvando la vida de decenas de personas. Desde entonces se mantiene haciendo fuerza ante la indiferencia de la gente de la zona.

Las fuerzas de Anthony Griffin, apasionado de la arquitectura y de los viajes, empiezan a fallar y tanto él como su familia llevan años reclamando a las autoridades italianas que le echen una mano. “Al principio la empecé a sujetar en un acto reflejo, pero ha ido pasando el tiempo y aquí nadie me ha ayudado”, se sincera. “Están siendo mis peores vacaciones”, explica ante cientos de turistas que imitan su gesto. “Lo que más me jode es la gente que hace como que me ayuda; aquí me he dado cuenta de lo miserable que puede ser el hombre”, continúa.

Sus hijos, ahora mayores, se encargan de llevarle agua y comida, aunque sus obligaciones laborales no les permiten visitarle tanto como les gustaría. “Lo único que queremos es que mi padre vuelva a casa, los que más hemos sufrido con todo esto hemos sido nosotros”, aseguran. Anthony Griffin tiene los músculos agarrotados, el rostro muy enrojecido y se está aguantando las ganas de ir al baño desde hace más tiempo del que puede recordar. “Sólo pido un relevo de cinco minutos, eso es todo lo que pido”, suplica mientras se cambia la torre de mano.

Aunque a veces piensa en dejarlo todo y marcharse, a Anthony no le gustaría dejar caer la torre por su valor arquitectónico. “No quiero acabar mis días lejos de casa como mi padre, que murió en Egipto tras 30 años besando a la Esfinge”, concluye.