“Se le habrán acabado las pilas porque soy incapaz de recordar quién me regaló este ‘No me olvides’”, confesaba esta mañana una señora de Ávila observando con detenimiento la joya.

“Puede que fuera el regalo de algún noviete pero, la verdad, ni idea. Ahora siento que le estoy fallando a alguien y esto me provoca ansiedad”, explica la señora, de 64 años. La mujer confiesa, además, que se dejó olvidado el “No me olvides” en un restaurante hace unos días “y todos me miraban fatal, como diciendo que, si no puedo hacerme cargo del ‘No me olvides’, igual debería dárselo a otra persona porque es una responsabilidad”.

Varios joyeros confirman que la pieza “costó su dinero y su efecto debería haber durado mucho más”, por lo que “quien fuera que la comprara hizo una muy mala inversión”.

“Ninguna joya me había sometido a tanta presión”, reconoce la afectada. “Entre las tazas de desayuno que me piden que sonría, esto que me pide que no olvide a no recuerdo quién y el teléfono que me avisa de que tengo que ponerlo a cargar, siento que soy un simple peón al servicio de los objetos”, sentencia.

Según el Instituto Nacional de Estadística, cada año más de 20.000 españoles olvidan quién les regaló su “No me olvides”, lo que hace pensar a los expertos que la pieza no está bien diseñada y no funciona.

“Es un timo. Mi abuela lleva ocho ‘No me olvides’ en la muñeca, uno por cada nieto, y no recuerda ni lo que cenó ayer”, confirma otro cliente insatisfecho.