El dueño del bar La Alimaña, situado en un polígono industrial de Sant Just Desvern (Barcelona), tendrá que pagar una multa de 15.000 euros tras años estafando a sus clientes, a los que ofrecía cerveza pero luego servía botellines de Cruzcampo.

El local había sido objeto de varias denuncias por parte de la asociación de consumidores FACUA pero no fue hasta la semana pasada cuando los inspectores sorprendieron a Rogelio Ramos, el encargado, despositando el contenido de una Cruzcampo en una jarra de cerveza. El Grupo Especial de Operaciones de la Policía Nacional intervino inmediatamente, selló el establecimiento y aisló el líquido amarillento para evitar fugas.

“Casi nadie pedía cerveza en ese sitio porque no estaba buena, pero ni el más desconfiado llegó a pensar que podía ser Cruzcampo. No hay derecho, hacerle esto a la gente… muchos de ellos padres de familia”, explica uno de los clientes habituales del bar.

“¿Quién me va a compensar por todas las Cruzcampo que he bebido estos años sin saberlo?”, preguntaba desconsolada otra de las víctimas. “En agosto me dio por pedir una caña con limón. ¿Sería una Shandy? Por dios, no quiero ni pensarlo”, añade.

El bar sigue cerrado y precintado en estos momentos y las autoridades sanitarias investigan también si la ensaladilla rusa proviene de Rusia o es en realidad un sucedáneo manufacturado en la comarca del Baix Llobregat.