Es una pena que, sólo por vivir en un piso de extrarradio en una ciudad invadida por la contaminación y el ruido, no puedas tú también alquilar habitaciones anunciándote como propietario de una casa rural, y más ahora que están tan de moda. Te ofrecemos unos trucos para reinventar tu piso y convertirlo en una de ellas. ¡Y a disfrutar de tu nuevo negocio!

Llena el suelo de paja, tierra y excrementos de animales: Que el huésped note bajo sus pies el contacto con la Madre Tierra. Si nos resulta imposible conseguir excrementos de otras especies, los de un vecino, amigo, pareja o los propios servirán siempre y cuando se apilen en montones de tamaño considerable.

Pon una prensa de uva en el recibidor: Nada sorprenderá más a tus clientes que ser recibidos mientras vendimias con los pantalones de pana arremangados hasta la rodilla y cantando una jota. Por ejemplo, esta: “Hazme mañica un favor, que en ello me va la vida: el darme un par de besicos, que te los güelvo enseguida”.

Cubre el televisor de plasma con musgo y caracoles: Que quien pase por la casa note que allí conviven en armonía la modernidad y la vida campestre.

Madera, más madera: Pon madera por todas partes: vigas de madera, cercos de madera, tarugos de madera tirados por las esquinas, unas escaleras de madera aunque tu casa sólo tenga un piso… No escatimes, la madera es sinónimo de campo y las casas rurales están llenas de ella. Repetimos: madera. Maderaca, chaval.

Convive con gallinas en el salón: Ante la falta de terrenos colindantes como las casas rurales de verdad, los animales deberán convivir contigo en el piso. Compra seis gallinas y un cerdo. Si al final el negocio no funciona, te los comes.

Usa pantalones de pana, camisas de cuadros y botas “quechua”: Es aconsejable rebozar las prendas en boñigas de vaca y césped para obtener ese look rural y campechano que esperan de nosotros nuestros huéspedes.

Aprende a hacer el grito de Tarzán: Esto demostrará que tienes exagerados prejuicios sobre la gente de campo, pero como tus huéspedes probablemente también los tengan, seguro que les encantará.

Instala una tirolina que vaya desde tu balcón al del piso de enfrente: A los usuarios de las casas rurales les encantan las actividades rupestres. Las marchas guiadas por el parque de la esquina, refiriéndose a él como “parque natural protegido por el SEPRONA”, también pueden ser una buena opción.

Disfraza a los vecinos de labriegos: Que el resto de la comunidad de vecinos también use zapatillas de esparto, gorros de paja y ropa llena de mugre ayudará a que nuestros huéspedes se sientan acogidos en un entorno alejado del ruido, la polución y el estrés de la gran ciudad aunque estén en medio del ruido, la polución y el estrés de la gran ciudad.

Aparca un tractor en el pasillo: Subirlo hasta el piso puede conllevar cierto trabajo extra, pero añadirá a la decoración el mayor icono de la vida rural.