Los talleres mecánicos de toda España se encuentran saturados tras recibir de golpe todas las piezas que les tenían que traer de Alemania. “No damos abasto. Hay piezas que habíamos pedido hace 20 años. Ya no recordamos en qué parte del coche iban”, dice Antón Nieto, mecánico de Burgos, mientras coloca una rueda encima de un capó.

Al parecer, un problema en la aduana ha retenido durante tres décadas varias toneladas de piezas de automóvil. Fuentes policiales aseguran que los funcionarios no entendían lo que ponía en el albarán. Las nuevas tecnologías les han permitido descubrir que en Alemania se habla otro idioma y que, por ello, el texto les parecía ininteligible. “Pensábamos que Deutschland era un nombre inventado, como Lilliput o Teruel”, explica un oficial de la aduana.

Esto ha provocado un exceso de trabajo en los talleres. Muchos de ellos ni siquiera han podido renovar sus pósters de mujeres desnudas debido al volumen de faena. “Los clientes pensaban que mentíamos, que era una técnica de marketing para encarecer el precio de la reparación”, lamenta Miguel Coronas, gerente de CochaSA. “Por suerte nos ha llegado una remesa de condensadores de fluzo para Opel Kadett. Esperemos que ahora estos descreídos viajen al pasado y nos pidan perdón”, añade.

Dentro de este drama también hay pequeñas historias con final feliz. Es el caso de Felipe Campos, de Barcelona, que ha recuperado su automóvil 17 años después de dejarlo en el taller. Su expresión de alegría lo decía todo. Aún así, insistió en hacer declaraciones: “Yo lo recordaba más grande. Y negro, en lugar de rojo. Y con volante. Y el doble de ruedas. Hasta diría que la marca era BMW y no Bicing”. En cualquier caso, Felipe pagó los 800 euros de la reparación y se fue a casa tocando el timbre.