Volver a la rutina diaria tras las vacaciones puede suponer un shock que derive en la temida depresión postvacacional. Sin embargo, unos sencillos cambios en nuestra vivienda pueden ayudar a afrontar la situación de manera gradual y confortable.

Cubre el suelo con arena de playa, conchas resecas y alguna colilla. Reproduce el ambiente playero en tu casa. Extiende una toalla en el suelo del salón para ver la tele y hunde tus pies en la arena. La colilla es para aportar un toque de realismo a la escena.

Que el abuelo se pasee por la casa vendiendo cocos y mojitos a tres euros. Pide también a tus hijos que jueguen con pelotas Nivea de esas hinchables. Lograrás que, incluso en pleno diciembre, tu casa parezca una playa de Lloret de Mar.

Cubre las ventanas con posters del “skyline” de la Manga del Mar Menor. Un cedé con efectos de sonido que reproduzcan el ambiente marítimo ayudará a crear el clima ideal.

Coloca un tendedero en el salón con toallas y bañadores siempre mojados. Remátalo rociando la ropa con un poco de “aftersun” para que huela a verano.

Un verano no es verano sin su cervecita a pie de playa. Por eso, recomendamos instalar un chiringuito en el cuarto de estar. A los gastos derivados de la construcción del mismo habrá que sumar el sueldo del veinteañero levantino que habrá que contratar para que te sirva las cañas.

Llena la bañera con agua de mar y una medusa. Este sencillo truco te ayudará a revivir la refrescante sensación de los baños en el Mediterráneo.

Es muy importante arrancar el telefonillo. Una visita inesperada de tus padres o cualquier otro ser querido que viva en tu ciudad puede devolverte en cuestión de segundos a tu realidad de urbanita con sólo 15 días libres.

Renueva tu fondo de armario al completo. Que no quede rastro del plumas, los jerseys y las gabardinas. Cámbialos por sandalias hawaianas, tangas náuticos y camisetas de “Joe que caló”.

Pon capítulos antiguos de “Los Serrano” o de “Se ha escrito un crimen”. Puede parecer un sacrificio inútil, pero las reposiciones televisivas son fundamentales para que tu cerebro siga creyendo que estás en pleno mes de agosto.

No dejes de hacer “balconing”. Aunque tu casa no sea un hotel de la costa, puedes saltar por el patio interior y caer en el barreño de agua sucia de la vecina del bajo.