Tras su reciente prohibición, los organizadores de la polémica fiesta del Toro de la Vega han encontrado un vacío legal para seguir llevando a cabo su controvertida celebración: trasladarla a 400 kilómetros de la costa, en pleno océano Atlántico. Los promotores del Toro de la Vega afirman que “mantiene el mismo espíritu de siempre, pero ahora será más fresquito”.

Jacinto Benavides, concejal de cultura de Tordesillas, considera que era cuestión de “renovarse o morir y, una vez más, hemos apostado por la muerte”. El astado, que irá equipado con bombona de oxígeno y aletas en las pezuñas, sólo podrá ser lanceado utilizando peces espada. También habrá actividades para los más pequeños, como el lanzamiento al mar de vaquillas, que podrán ser finadas a base de ahogadillas.

“El toro no sufre”, insiste Benavides. “Antes, como mucho, sufría si quemaba el suelo de la plaza en la que se le torturaba. Como gesto de buena voluntad hacia los animalistas, propusimos ponerles chanclas al toro, pero les pareció insuficiente”, cuenta. Ahora, en aguas internacionales, no tendrán ese problema. “Allí no hay ley. Si quisiéramos, podríamos golpear al toro hasta la muerte con un cachorro de lince ibérico y nadie nos podría decir nada. Entre otras cosas, porque el lince no sufre”, argumenta el concejal.

En cualquier caso, la celebración contará con ciertas medidas de seguridad a favor de la dignidad del toro, como no tirarlo al agua si no ha hecho la digestión. “No queremos que el toro muera de un corte de digestión”, puntualiza Benavides. “Eso sí le dolería. A él, y a nosotros”, agrega. El Ayuntamiento de Tordesillas ha puesto a disposición de los vecinos varios autobuses lanzadera hasta Galicia y una flota de colchonetas de playa para llegar a aguas internacionales.

Otras localidades están pensando están en adoptar también esta localización sin ley para sus festejos. Es el caso de Valencia, donde tradicionalmente se celebra el “toro embolado”, práctica taurina en la que se prende fuego a la cornamenta del toro mediante una técnica mágica secreta que no hace sufrir al animal. No obstante, aún están buscando la manera de que las llamas no se extingan con el toro dentro del mar. “Eso sí sería hacerle sufrir, ya que hace que el toro se sienta triste por no poder proporcionar diversión a los vecinos”, afirma el propietario de la ganadería Torturasa.