“No mata, pero te jode la tarde”. Con estas palabras, el ministro de defensa norcoreano, Soon Yu-Romagosa, definía el nuevo desafío militar que el país asiático lanza a Occidente. La primera bomba de “spoilers” pone entre las cuerdas a la industria televisiva norteamericana, y por extensión, a todo el mundo. “Es un ataque contra nuestro modelo de negocio”, afirma Román Sancho, director de Netflix España. “No podemos permitir que unos radicales nos fastidien el final de las dos películas que tenemos en nuestro catálogo”, añade.

Pasadas las dos de la tarde, hora local, un misil lanzado desde Pyongyang entraba en territorio aéreo de Corea del Sur. No hubo tiempo de activar los escudos antimisiles: el proyectil explotaba sobre la localidad de Yangju, a una hora de Seúl. No causó daños materiales, aunque sí provocó una humareda que formó la siguiente frase: “Chewbacca contrae la rabia y muere en la nueva de Star Wars”. Esto provocó una terrible desazón entre los fans de la saga de George Lucas que aún no han podido ver la próxima entrega.

Dos horas después, un segundo misil explotaba encima de la ciudad de Chuncheon, descubriendo a todos sus habitantes que “J’Har Sharkerido regresa con los mercenarios burgaleses a recuperar lo que es suyo en la sexta temporada de Juego de Tronos”.

Un tercer proyectil no llegó a su destino, cayendo a 140 kilómetros de la costa. Sólo los 17 tripulantes de un ballenero ilegal supieron que “Todo es un sueño de Antonio Resines”, causando el suicidio de dos de ellos. Da la casualidad que Los Serrano se ha empezado a emitir recientemente en Corea del Sur con gran éxito, llegando incluso a nombrar Presidente de Honor a Fiti.

El ejército estadounidense ya está trabajando en un arma que contrarreste los efectos de la bomba de “spoilers”, emitiendo mensajes de humo del tipo “Da igual el final, lo que importa es el recorrido del personaje”.