Ramón Sigüenza, de 32 años, se quitó la vida ayer por la tarde después de varios años lidiando con una lesión en el hipocampo que le provocaba amnesia anterógrada. Esta mañana, sin embargo, el afectado se ha levantado a las ocho para ir a trabajar sin recordar que se había suicidado.

“¿Qué pasa? No me digáis que empezaba hoy las vacaciones”, ha preguntado Sigüenza a sus compañeros de oficina, que se han quedado pasmados al ver al fallecido irrumpir en su puesto de trabajo con normalidad. “Ya sabéis que tengo amnesia, cabrones. Si estoy de vacaciones decídmelo”, ha insistido él.

Por el momento, nadie se atreve a recordarle a Ramón que optó por el suicidio. “Estaba desesperado pero ahora no se acuerda. Sólo falta que le refresquemos la memoria para que se vuelva a matar”, argumenta su jefe. “Si se me suicida dos veces un empleado me van a abrir una inspección los del Ministerio de Trabajo”, agrega preocupado.

“Sé que pasa algo y no me lo quieren decir. Me miran como quien ve un fantasma. Seguro que ayer la lié porque me duele la cabeza como si hubiera saltado de un quinto piso”, explica Sigüenza. “De hecho, coño, me vienen como flashes…”, añade.

A media mañana, un empleado del departamento de comunicación de la empresa ha mandado un correo electrónico a todos los trabajadores recordando que “el funeral de nuestro compañero Ramón Sigüenza se celebrará mañana por la mañana en el tanatorio de Les Corts”.

“No sé quién es el tal Ramón pero yo mañana tenía una reunión de algo. No me acuerdo pero creo que no voy a poder ir a esto”, ha anunciado el fallecido.