Braulio Romero, dueño de un puesto de fruta del mercado municipal de Santa María de la Cabeza, en Madrid, ha comunicado a sus clientes esta mañana que sólo venderá productos de la huerta que haya recogido con sus propias manos. Romero, con las uñas negras y los dedos impregnados de nicotina, defiende que el sabor de la fruta que él toma directamente del árbol no tiene nada que ver con el de la fruta que se puede encontrar en los supermercados.

“No me fio de nada que no haya tocado yo personalmente con esas manos”, insiste el frutero rascándose la oreja con una mano mientras con la otra exhibe unas fresas previamente secadas con un trapo que usó también para limpiar la pantalla del móvil. “Las grandes superficies no tienen escrúpulos”, argumenta.

Ni siquiera en la tienda, cuando la fruta se exhibe en el mostrador, Braulio se confía. “Siempre toco la fruta que voy a vender para asegurarme de que está bien. Sólo con amasarla un poco así con las manos ya se ve si está demasiado verde o muy madura”, explica. “De mis manos a su boca, cien por cien natural”, sentencia.

Por si esto fuera poco, el frutero se ha iniciado también en el mundo del vino ecológico. “Las uvas de este vino las he pisado yo personalmente”, promete, insistiendo en que sus caldos “no tienen sulfitos ni cosas raras porque las uvas las recojo yo con esas manitas y las piso yo con mis pies, sin trampa ni cartón”.