Después de 40 años de matrimonio, y pese a tener ya seis hijos y dos nietos, Alfonso Guzil sigue llamando a su esposa “follamiga” y considerándola “una colega de la universidad con la que de vez en cuando me acuesto, pero sin rollos raros, todo muy claro”.

El hombre, de 61 años y residente en Vallvidrera, asegura que la amistad con su mujer es “suficientemente importante como para que no forcemos las cosas”. También muestra sin pudor su anillo de casado pero lo describe como “un regalo que me hizo una colega de la uni con la que quedo mucho”.

“Le asusta el compromiso y le horrorizaba la idea de casarse, así que le propuse que nos casáramos cuanto antes para dejar atrás este tema y olvidarnos”, explica Rosa, su “follamiga”. Cuando la mujer se quedó embarazada por primera vez, Alfonso no dudó en “cuidar del bebé de mi amiga como si fuera mi niño, y lo mismo con los cinco que vinieron después”, dice Alfonso. “Yo por mis amigos hago lo que sea”, sentencia con orgullo.

Alfonso y Rosa viven bajo el mismo techo con sus hijos desde hace muchos años porque “quedábamos tanto y teníamos tantos vinilos y bebés juntos que al final fue lo más práctico”, argumenta el esposo.

“¿Que si me gusta?”, dice el hombre claramente ruborizado. “Nunca me lo he planteado, es mi amiga. No sé. Sería raro, ¿no?”, añade.

“Si surge el amor pues oye, bienvenido sea, pero vayamos poco a poco”, reitera este padre de familia.