La corriente crítica con la vacunación sigue creciendo en España. Lo han manifestado los datos de las encuestas realizadas esta semana por parte del Ministerio de Sanidad en la totalidad de las comunidades autónomas, donde miles de menores de edad se mostraron contrarios a las prácticas médicas que incluyen la inoculación intravenosa de medicamentos.

“Las agujas me dan miedo, tienen mucha punta y te pinchan con ellas”, señala Borja Gutiérrez, de seis años de edad y uno de los mayores representantes de este movimiento de oposición a las vacunas.

“Pinchan”, insiste.

Ciertos sectores de la sociedad centran sus críticas en la falta de inmunización natural que pueden provocar las vacunas y en los efectos adversos aún desconocidos de algunas de ellas; sin embargo, Gutiérrez revela un problema de fondo aun más comprometido: “Cuando te ponen la vacuna, lloras y te sale sangre y lloras aunque dan una piruleta pero no la quiero”, afirma con contundencia.

Gutiérrez, radical en su postura contraria a las vacunas vendidas por las grandes farmacéuticas, se muestra también crítico con determinados tratamientos alternativos a esas vacunas administrados por vía oral. “Saben mal”, asegura tajante. La suya no es sólo una opinión personal, es lo que asegura en bloque comunidad de niños (un 95% de ellos, según las encuestas).

Como todos los menores de edad españoles, Gutiérrez afirma que seguirá oponiendo resistencia a la vacunación y aprovecha también para aconsejar una dieta “con exactamente cero piezas diarias de fruta y verdura porque están malas”.