En sus últimas declaraciones ayer ante la curia vaticana, el Papa Francisco aseguraba que su relación con Dios no pasa por el mejor momento. “Me cae mal”, reconocía abiertamente. “No es nada personal, de verdad, es simplemente que entre Él y yo no hay química”, añadía.

Ante la sorpresa y la incredulidad de cientos de fieles, el Papa ha querido explicarse y hacer entender a los católicos los motivos de dichas declaraciones. “Soy su representante en la Tierra y ni siquiera se ha dignado a darme las gracias, ni un consejo, nada”, ha asegurado su santidad, claramente molesto.

“Ya que es el creador de todo, podría haberse creado un poco más simpático y proactivo”, sostiene. “Menos endiosado”, insiste el pontífice.

Asegura, además, que esa falta de entendimiento entre ellos dos se refleja incluso en detalles más sutiles. “Me mira raro”, cuenta suspicaz.

Al preguntarle sobre la posibilidad de una reconciliación si Dios cambiase de actitud, el Papa Francisco se muestra firme: “Yo soy capaz de perdonar pero no de olvidar. Si cambia de actitud sólo porque yo ahora diga que me cae mal no me vale, tendría que haber salido de Él”, argumenta.

En el Vaticano la noticia ha caído como un jarro de agua fría y algunos miembros de la Santa Sede ya se han reunido con el Papa Francisco para pedirle que al menos se refiera a Dios por su nombre y no lo llame “ese”, como ya empezaba a hacer en algunas misas.