Hoy en día es común que nos asalte esta duda en el lugar que habitamos. Te ayudamos a descubrir si vives en un piso pequeño o en cautiverio y tu familia aún no ha pagado el rescate.

1. Ves poco a tus compañeros de piso y cuando aparecen llevan pasamontañas. A primera vista podría parecer la pista clave para demostrar que te han raptado, pero quiénes somos nosotros para juzgar las opciones estéticas de tus compañeros. El pasamontañas es un complemento como cualquier otro y no puedes etiquetar a las personas sólo por llevar uno.

2. Tu váter no es de porcelana blanca sino de plástico. De hecho, es un cubo. Desde luego, no es la opción sanitaria habitual, pero puede que vivas en uno de esos pisos de jóvenes algo descuidados de la llamada “Generación X”. No te agobies y disfruta de una forma diferente de entender el mobiliario íntimo, ¿por qué no?

3. Te pasan la comida por debajo de la puerta. Si, también podría hacerte sospechar que estás secuestrado, pero hay pisos donde la gente prefiere mantener las distancias y no crear demasiados vínculos. Respeta el espacio de tus compañeros y no les exijas más atención de la que ellos quieran darte.

4. Te han cortado un dedo para enviárselo a tu familia. Es lógico que te parezca un gesto un tanto excesivo, pero probablemente tus compañeros de piso sólo querían demostrarle a tu familia que estás bien, sano y salvo. Para ello, qué mejor que mandar una muestra de tu cuerpo.

5. No pagas alquiler y vives allí en contra de tu voluntad. En esta sociedad consumista nos hemos acostumbrado a confundir emociones. Quizá ese “en contra de tu voluntad” esconde un “me gustaría vivir en un chalet”, “preferiría tener un adosado propio”… aceptar tu situación actual puede ayudarte a ver la parte positiva de tu piso y a descubrir sus múltiples comodidades.

Si en tu vivienda se cumplen las anteriores condiciones, puedes estar tranquilo, vives en un piso totalmente normal. Enhorabuena.

De todos modos, recordamos a tu familia que debe depositar cinco millones en metálico, en billetes sin marcar, en el quinto cubo de la basura del parque de Berlín. Y que vayan solos. Repetimos: solos.