Entre llantos de emoción y luciendo una barba larga y blanca, un oficinista de 53 años anunciaba esta mañana que ha logrado llegar al fondo de su escritorio tras años apartando carpetas y toneladas de iconos que cubrían por completo la superficie original del ordenador.

“Me dijeron que nunca lo lograría, me acusaron de ser un iluso que perseguía mitos y leyendas en horario laboral, pero aquí está, intacto como el primer día”, sentencia el oficinista señalando el escritorio.

Este hombre siempre intuyó que, detrás de la compleja maraña de carpetas sueltas que cubría la pantalla, se encontraba un sustrato limpio, el llamado “Escritorio Cero”.

“No lo recordaba muy bien porque llevo 30 años en esta empresa y cuando estrené el ordenador sólo era un chaval. Pero estaba convencido de que hubo un tiempo en el que sólo había cielo y nubes y se veía el logo limpio de Windows 95”, dice. “Como veis, antes todo esto era campo. Campo, cielo y Mi PC”, añade.

Según relata, hace tres años se bebió una lata de Aquarius de una sentada para coger fuerzas. “Me vine arriba, me puse calzado cómodo y empecé a apartar basura, fotos antiguas, documentos de Word sin título y miles de otras cosas accesorias que se acumulaban sin orden ni concierto”, explica. “Hubo momentos en los que quise tirar la toalla, especialmente porque nadie me apoyaba. Pero me bebía otro Aquarius, me venía arriba y seguía excavando como si no hubiera un mañana”, insiste.

Entre las sorpresas que le ha deparado este monumental proyecto de excavación digital, se encuentra una foto de una joven que un día fue su pareja. “No me acordaba de ella. Ingrid. O Judith. Algo así se llamaba”, declara con la mirada perdida.

Para celebrar su llegada al “Escritorio Cero”, todos los compañeros del oficinista le han dedicado un sonoro aplauso que ha sido interrumpido por el jefe, que ha examinado con atención la pantalla del ordenador y ha agradecido al empleado la costosa gesta: “Me lo ha dejado usted niquelado. Le voy a encargar que excave en los escritorios de sus compañeros”, ha informado el directivo, haciéndole al oficinista un encargo que le va a ocupar los próximos 20 años de vida.