Tras las quejas de la comunidad internacional y varias advertencias formales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la tribu korowai de Nueva Guinea Occidental se ha comprometido finalmente a consumir únicamente humanos criados en libertad.

“Queremos fomentar el consumo sostenible de carne humana y dejar de contribuir al mantenimiento de esas empresas capitalistas que tienen a los humanos encerrados en pequeños cubículos frente a un ordenador”, explicaba esta mañana el jefe de la tribu, Samai Hrank-Lumumbi. “Los becarios también sienten cosas y si están tristes y agobiados su carne no es sana para nosotros”, insistía.

“Además, el sabor es completamente distinto”, agregaba el líder mientras removía una olla rebosante de turistas criados en los campos del Tirol, sin hormonas ni exceso de colesterol. “Los huevos saben a huevos de verdad”, apuntaba.

El consumo de humanos libres es hasta un 60% más caro porque cada vez quedan menos ejemplares. En cambio, el excedente de seres humanos de producción industrial, muchos de ellos en paro, lleva a las empresas a ofrecer precios muy competitivos. “Los gobiernos nos los dejan casi a precio de coste porque hay sobrepoblación”, argumenta Hrank-Lumumbi.

“Los niños se han acostumbrado a comer las pechugas insípidas y ya envasadas y cuando ven a un gordo con el pecho peludo les da asco”, reconoce Samai Hrank-Lumumbi. “A su edad salíamos nosotros mismos de caza y, si llegábamos con las manos vacías, aquella noche no se cenaba”, recuerda nostálgico.