Una investigación encargada por el Gobierno de Estados Unidos ha obligado a las grandes empresas de Silicon Valley a reconocer que, con el fin de ahorrar costes, encargaban a un joven becario de Filología que redactara, en tiempo real, el texto predictivo de los mensajes del móvil.

Rodeado de diccionarios de todos los idiomas, el becario trabajaba sin descanso en una habitación que no tenía ventanas con el fin de evitar distracciones. Tuvo varias crisis de ansiedad y la más grave de ellas llegó a provocar un fallo generalizado de WhatsApp en diciembre de 2015.

“Había momentos en los que el texto predictivo no funcionaba y el usuario no se daba cuenta o lo atribuía a una mala configuración del dispositivo. Era cuando el becario paraba para asearse y echar una cabezadita de diez minutos”, confiesan directivos de Apple.

Obligados por el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos, los responsables de los sistemas operativos Android y iOS tendrán que buscar alternativas para el texto predictivo pese a que el joven filólogo quiere seguir en su puesto “porque trabajar al mismo tiempo para las dos grandes compañías tecnológicas del momento me da prestigio y mis padres están orgullosos”.

“Mi padre era el que subrayaba en rojo las palabras de Microsoft Word y mi madre es GPS en TomTom. Soy el único de los hijos que ha decidido seguir en el negocio”, explica el becario.

El estudiante admite, eso sí, que su trabajo es “poco agradecido” porque la mayoría de los usuarios considera que su servicio es “un copazo. Codazo. Perdón: coñazo”.