Sean Rad, fundador y máximo responsable de la aplicación de citas Tinder, ha comprobado esta mañana que su propia hija preadolescente ha creado una cuenta en la red que creó su padre “con la intención de pagarle la universidad y no para que se convirtiera en una cualquiera”, en palabras del empresario.

“Mírala. Aquí está, exhibiéndose como un trozo de carne en la carnicería”, dice Rad, indignado, mientras agita su teléfono móvil con incredulidad. “Intentas que incorporen unos valores, que sean personas decentes, y luego mira”, insiste. “Yo sé lo que busca la gente en esta aplicación. Lo sé porque he encargado varios estudios de mercado”, apunta.

Desde que la joven se ha registrado en Tinder, esa misma aplicación ha expulsado a 46 chicos que mostraron interés por ella. “Vamos a modificar su perfil para que todos aquellos que lo consulten tengan que hablar conmigo primero”, asegura Sean Rad. “Malditos degenerados”, agrega.

“En qué momento se me ocurrió crear esta cosa tan lamentable”, argumenta el ejecutivo refiriéndose a su hija.

“Al menos no está en Badoo como la mía. Las de Badoo sí que son unas guarras”, ha sentenciado el dueño de Badoo tras conocer el disgusto de su compañero.