El joven murciano Pedro Martínez descubrió ayer que no es ciudadano de Cosmópolis, la capital de Marlia, y que tampoco pertenece a uno de los siete clanes de los Gobernadores de Futuria. La llegada de una notificación del Ayuntamiento de Puerto Lumbreras desveló el engaño al que sus padres le habían sometido durante veinte años: “Resulta que soy murciano y que lo que hablo no es inglés noble como me habían dicho. Toda mi vida es una mentira”, dice Martínez claramente confuso.

Los padres del chico, que no han querido declarar ante los medios, no pudieron evitar que la carta del Ayuntamiento llegara a manos de su hijo y pusiera en evidencia sus patrañas.

“Dicen que querían lo mejor para mí. Pensaban que, sabiéndome de pueblo, yo mismo renunciaría a triunfar más allá de la Región de Murcia”, explica el joven, que ha descubierto también que Colorín el mulo no es un robot diseñado por Ayrgram Genetics para ayudar a su padre en sus tareas de gobernador.

“Han querido apartarlo de la realidad de la huerta, obligándole a vivir en un mundo de fantasía, y ahora el choque será brutal”, declara el psicólogo y veterinario de Murcia, Agustín López Moreno.

“Con estas fichas controlaba el flujo emocional de nuestros súbditos, me encargaba personalmente de mantener el temple social dentro de los límites marcados por la Gran Corporación de Sabios de Futuria”, asegura Pedro mostrando unos “tazos” que regalaba Matutano con sus bolsas de patatas fritas en los años noventa.

Ahora, el psicólogo tratará de acomodar al joven en su nueva realidad, pero insiste en que será un proceso duro y lento. “Nos pregunta qué es Murcia. Y claro, no hay mucho que decir. Todo lo que él creía que era Cosmópolis no, justo lo contrario”, dice el experto.

Tras descubrirse el caso de Pedro Martínez, no se descarta que otros muchos murcianos estén viviendo en realidades paralelas para evadirse. De confirmarse esta situación, la Asamblea Regional de Murcia propondría “una rebaja sustancial de los presupuestos municipales, porque no hace falta mantener unas infraestructuras que luego la gente maquilla en su imaginación igualmente y sin que cueste un duro”.