Pontevedra ha declarado esta semana personas non gratas a Mariano Rajoy, presidente del gobierno en funciones, Adolf Hitler, dirigente del tercer Reich y a Iósif Stalin, el dictador soviético. El repudio municipal en la localidad viene motivado por la prórroga otorgada para mantener una fábrica que contamina la ría, por el Holocausto nazi y por el exterminio de millones de personas de la Unión Soviética, respectivamente.

En un desbordado teatro habilitado como salón de plenos y tras dos suspensiones momentáneas porque los gritos decenas de personas presentes no permitían hablar a los defensores de la propuesta, 17 de los 25 concejales han levantado sus manos a favor de una moción presentada por el PSdeG-PSOE y la Marea de Pontevedra, que ha contado con el apoyo del partido mayoritario, el BNG, y la negativa de Ciudadanos. El PP abandonó el pleno como señal de rechazo ante el gesto “desproporcionado y desleal”.

Pese a la rotunda mayoría política con la que ha salido adelante la declaración de Rajoy, Hitler y Stalin como personas non gratas, en el salón de plenos han sido más quienes han abucheado la propuesta, pero no tanto por adhesión al presidente, a los nazis o a las purgas soviéticas, sino en defensa de los puestos de trabajo de la fábrica.

Para el portavoz socialista, Agustín Fernández, las actuaciones de los tres políticos han tenido lugar siempre “con la conciencia de que se tomaban a espaldas de los pontevedreses” y “con total desprecio” a la opinión mayoritaria entre los 83.000 habitantes de Pontevedra, totalmente contrarios a la actividad de la fábrica en la ría y al asesinato sistemático de pueblos.

“Estamos muy decepcionados con los tres”, insisten los pontevedreses

“Rajoy, Hitler y Stalin son indignos de ser llamados vecinos de Pontevedra”, ha afirmado Fernández, quien aspira a que el “acto simbólico” de la moción sirva para “avergonzar” a esos líderes cuando pisen el municipio.

Mariano Rajoy ha admitido que le ha dolido más la declaración de persona “non grata” que la agresión que recibió en Pontevedra. “Ni siquiera a Hitler o a Stalin les pegaron un puñetazo y a mí sí”, ha dicho.