“Dios ha muerto. Dios sigue muerto” anunciaba el filósofo Friedrich Nietzsche en su libro “La gaya ciencia”. Hoy, 133 años después de aquellas declaraciones, Dios ha admitido a través de la Santa Sede que se hizo el muerto para mofarse de este autor y demostrar que “tras su soberbia se escondía la ingenuidad de un niño”.

El Todopoderoso, que empezó bromeando ya con Hegel pero se cebó especialmente con el autor de “Así habló Zaratustra”, habría fingido el final de los órdenes mitológicos y teocráticos como respuesta a la arrogancia del concepto de superhombre (“Übermensch”), que según Él “lleva implícita la idea de que el hombre que yo diseñé es débil y hay que sustituirlo por un hombre mejor que el señor Nietzsche, que al parecer sabe más que yo, nos describe”.

La Iglesia tenía previsto difundir esta histórica revelación el próximo mes de octubre pero fue el propio Dios quien sugirió adelantar la noticia “porque el día nueve los de Apple presentan sus novedades y eclipsan todo lo demás”.

La broma del Señor se suma a otras chanzas muy sonadas como la existencia del koala, la lluvia de cuando acabas de lavar el coche o la idea de redondear el planeta Tierra cuando la ciencia ya había descubierto que era plana.

“No soy un monigote con cincuenta mil brazos”

Dios, que insiste en que está “como un roble”, ha aclarado también el tema del politeísmo, confesando que tiene “parte de la culpa”.

Aunque reconoce que le gusta disfrazarse y poner voces “como a mucha otra gente” y que esto puede llevar a engaño, tilda de torpe al hinduismo “por pensar que soy un monigote con cincuenta mil brazos simplemente porque a veces los muevo muy rápido”.