Luis Contusión Boñales, trabajador por cuenta propia desde que acabó su cuarto master, llevaba cinco años vagando por las calles con su MacBook de 2006 y durmiendo en los portales de las sedes de las 137 empresas para las que trabaja. Esta mañana, sin embargo, su suerte ha cambiado drásticamente porque le han pagado, al fin, los miles de facturas que tenía pendientes de cobro.

“Había perdido la cuenta. Unos clientes decían que pagaban a 120 días, otros no pagaban porque según ellos no habían recibido ninguna factura… los había que parecía que iban a pagar y de repente me pedían un certificado de Hacienda”, explica el autónomo mientras se afeita la barba en los baños de la estación de Atocha, en Madrid.

El joven había llegado a un punto en el que no podía mandar más facturas por correo postal al no disponer de dinero para sellos. “Si sigo trabajando es por la buena voluntad de los empleados de Starbucks, que me dejaban conectarme al WiFi”, confiesa.

“No sabía que era autónomo. Todos le llamábamos el mendigo con portátil. Pensábamos que lo había robado”, declara un vecino. “Luego te enteras de que tiene tres carreras universitarias y lo entiendes todo. Normal que estuviera en la calle”, añade.

Su gestor lo abandonó hace dos años y tuvo que enfrentarse solo a las exigencias de la Agencia Tributaria. “La última vez que fui a presentar la trimestral del IVA me echaron llamándome rata sucia y luego encima me multaron por no haber presentado la declaración”, relata con temblores.

“Perdón por los tembleques. Es por el mono. El mono del WiFi. Necesito ir al Starbucks, estoy esperando un email importante con las correcciones de un trabajo que entregué ayer a las cinco de la madrugada, mientras me bañaba en la Cibeles”, dice Contusión Boñales.

Al consultar su saldo en el banco esta mañana, el autónomo sin techo ha comprobado que en su cuenta hay varios millones de euros. “He cobrado todos los trabajitos al fin. No, si la gente es seria en el fondo, lo que pasa es que las cosas van lentas”, argumenta.

“Soy multimillonario ahora”, dice orgulloso. “Pero solo hoy, porque mañana me tocará pagar las multas que debo a Hacienda por no haber podido adelantar el IVA. Es probable que la Seguridad Social me haya embargado la cuenta también. Lo he estado calculando y creo que me van a quedar 20 euros netos. Pero mira, esto me permitirá ir a un Starbucks y conseguir la clave del WiFi sin tener que suplicar, consumiendo como si fuera un currante con nómina”, explica satisfecho.

“Hay que ver el lado bueno de las cosas. Además no tengo que madrugar y, si quiero, puedo mendigar en pijama. No estoy hecho para currar en una oficina”, sentencia.