“¿Que no puedo mover un BMW? Perdónenme pero yo logré sacar mi empresa a Bolsa en menos de seis meses. ¿Dónde está ese coche? Lo pongo a cien en un segundo”, preguntaba esta mañana uno de los primeros interesados en probar el nuevo BMW sin combustible, movido por el empuje personal del conductor y la fuerza de su prepotencia.

La fiabilidad del vehículo, con capacidad para un solo ego, depende de la autoconfianza que tenga el automovilista. “Si el conductor cree que nada puede pararle, el coche no se detiene”, detalla el fabricante.

La seguridad al volante es también proporcional a la seguridad que tenga el propietario en sí mismo. “Te ven y se apartan porque tú llevas un puto BMW y ellos son unos mierdas”, argumenta la firma.

“Los otros coches me siguen para preguntar si quiero un café”, certifica el consejero delegado de BMW, contento por haber creado un coche “a medida de nuestros clientes”.

“El coche está muy bien pero vamos a darle una vuelta”, ha insistido el empresario, sin querer bajarse del volante.

Otra ventaja del automóvil es el sistema antirrobo porque con los pobres desgraciados no arranca. También el sistema de asistencia para el aparcamiento constituye una revolución: es capaz de forzar a otro coche a liberar la plaza que está ocupando. Basta con iluminarlo con los faros de xenón. “Igual que hago yo cuando alguien se sienta en mi sitio: una mirada basta”, confirma de nuevo el jefe de la marca alemana.

El coche saldrá a la venta el mes que viene con tres tipos de acabado: Viejo gordo, Cocainómano desbocado o Hijo inculto y malcriado del jefe.