Tras su participación en la Cumbre de las Américas de Panamá, Barack Obama dio otro paso en una compleja jugada internacional y mantuvo un encuentro con Raúl Castro que él mismo calificó de “histórico” y tras el que ha insistido en que su equipo de gobierno se refiera a él como ‘Compay, el negro’, ‘el negro Obama’ o ‘el mister danger-peligro’.

“Por un beso de ‘La Flaca’ yo daría lo que fuera, por un beso de ella aunque solo uno fuera”, ha declarado Obama, dispuesto a visitar La Habana antes de abandonar la Casa Blanca o “la casa grande de gringolandia”, tal y como la ha denominado él durante toda la Cumbre.

“Este bloqueo terminó como la fiesta del Gatao y estuvimos todos en estambay esperando chances para que la situación go on”, ha explicado Obama al resto de mandatarios americanos, excusándose por haber tardando tanto en hacer llegar una anulación del bloque que muchos pensaban que sería una de sus primeras medidas al llegar al Gobierno.

Respecto a los últimos movimientos de aperturismo diplomático de Washington, coincidentes con los últimos meses de presidencia de Obama, éste explicó que “ahora que estoy ya papito es cuando estoy sacando mi cosa más sabrosa”.

“Chico, aquí abajo las cosas se ven de otrora manera, ¡Echaaaa!”, añadió Obama resoplando y abanicándose con su sombrero colonial. “Mijo, qué calor”, protestó.

Interrogado sobre la candidatura de Clinton, el que será pronto expresidente del país más poderoso del mundo se limitó a decir “fuera pa’allá que yo no quiero tratos con los diablos gringos”.

Al cierre de la edición, fuentes cercanas a la Cumbre declararon que Obama, en referencia a su esposa Michelle, declaró al abandonar la sala de actos “pues ya me voy al piso a dar tremenda barra a esa negra”.