Tras un ayuno de sesenta días y sesenta noches durante el que ha estado meditando profundamente y fumando puros, Mariano Rajoy ha comparecido hoy para asistir al Debate sobre el Estado de la Nación. Según fuentes del Partido Popular, el presidente habría viajado a solas a un monasterio tibetano a fin de preparar la jornada de hoy.

El Partido Popular no ha dado detalles sobre la ubicación del monasterio, al que Rajoy llegó tras varios días de ascensión por rutas escarpadas y escaleras talladas en la montaña, equipado tan solo con una mochila. Tal y como él mismo ha relatado, nada más llegar los monjes budistas le confesaron que no podían enseñarle nada “porque es el hombre más tranquilo que ha pisado este santuario jamás”.

“‘Duhkha’, el sufrimiento existe, esa es la primera verdad”, ha declarado un desconocido con una casaca polvorienta desde el púlpito del Congreso. Cuando dos agentes de seguridad iban a expulsarlo del hemiciclo, el desconocido ha retirado la capucha de su rostro revelando ser el presidente, que ha dado inicio al debate.

Los monjes le conocían como ‘Yatal, el hombre sereno’

“He subido doce mundos de escaleras para comprender lo que yo ya comprendía, he caminado varias vidas para saber lo que ya sabía, he meditado durante montañas de vigilias para contemplar lo que ya había contemplado”, ha añadido Mariano Rajoy durante su primera intervención, vistiendo la tradicional túnica budista de color naranja.

Según se ha informado, los monjes bautizaron a Rajoy como “Yatal, el hombre sereno”. “Me han adorado como a un dios, pero yo debía volver a mi país como un río vuelve al mar”, ha explicado el jefe del Ejecutivo, que descartó presentarse a las elecciones para Buda.

“El origen, la causa raíz de ‘duhkha’, es el anhelo, el ansia o la sed, llamada ‘tŗşņā’, de cualquier situación o condición placentera”, ha concluido entre los aplausos de la bancada popular.

Tras su discurso, Rajoy se ha aproximado a Pedro Sánchez y le ha acercado su mano al pecho para, a continuación, alejarse de él sonriendo con serenidad. Cuando el candidato socialista ha dado cinco pasos en dirección al púlpito, ha caído al suelo desplomado y ya sin vida.