Andrés Auriner, un contable madrileño de 56 años, ha expresado su angustia esta mañana al comprobar que estaba llegando con quince minutos de retraso a su lugar de trabajo: las oficinas madrileñas de la multinacional Jenkins & Co, un edificio en el que se siente profundamente desdichado todos y cada uno de los minutos que pasa allí. “Y lo peor es que estoy llegando tarde”, ha declarado a los periodistas que ha convocado en el metro.

“Me sabe mal llegar a ese infierno, en el que todo el mundo me trata con desprecio, con diez o quince minutos de retraso”, ha explicado Auriner. Según ha confirmado a la prensa, durante el resto del día intentará disculparse ante su jefe, una persona que le provoca tanto miedo que Auriner suele verse obligado a ir corriendo al baño tras hablar con él y luego, por la noche, es incapaz de conciliar el sueño.

“No sé, uno se compromete a entrar a las nueve en punto al sitio que está acabando con su vida y debe hacerlo y me he dormido porque soy imbécil”, ha insistido mientras se adentraba en la oficina en la que cada día se le pasa por la cabeza hacer una cadena de clips suficientemente fuerte como para ahorcarse. “Además de que es una cuestión de respeto por mis compañeros”, ha dicho sintiéndose mal por las personas que, sistemáticamente, han acabado con su orgullo y dignidad personal, haciendo imposible que sienta el mínimo respeto hacia sí mismo.

Fuentes cercanas a Jenkins & Co. han informado también que la máquina de café (que produce el peor líquido que haya probado jamás Auriner) ha dejado de funcionar, lo que le impedirá tomarse su cortadito de las once, su momento preferido del día.