El alemán ese que ha venido esta semana para supervisar y que ostenta el cargo de “Executive Vice President of Product Development” y “Chief Marketing Officer” resulta que ha ido al baño hace escasos minutos y no se ha dignado a lavarse las manos después de orinar.

“Mucho traje de Armani, mucha Alemania y mucha tontería, pero a este señor no le han enseñado lo básico”, ha sentenciado José Manuel, de Recursos Humanos, que insiste en que “el hijo de puta ese mandará lo que quieras, pero es más guarro que el perro de mi cuñado el Alfonso, que se lame las pelotas y luego se te acerca para que le des besos”.

El incidente, que ha sido comentado durante la pausa para el café o “Coffee Break”, ha provocado revuelo en la plantilla de la sede de la multinacional en España.

“Muy limpito no se le ve”, ha apuntado Marisa, que ha añadido que “si va a ser un cerdo, que muchos lo son, yo prefiero que al menos no vaya de nada”.

A media mañana, al salir de la primera reunión, el director gerente ha querido enseñarle las oficinas al “Executive Vice President of Product Development”, que se ha ido paseando mesa por mesa dando la mano al personal y provocando con ello el pánico entre quienes tenían conocimiento de lo ocurrido en el baño.

“En tres minutos tenemos aquí al Executive Vice President of Product Development y yo paso mucho de darle la mano”, ha comentado Alfredo de Ventas. “Yo dos besos igual, pero la mano ni de coña”, ha dicho Sonia, de Contabilidad. “Sí, tú dale dos besos al cabrón ese, que a saber dónde habrá metido los morros”, ha apuntado Marisa.

Cuando el “Executive Vice President of Product Development” ha llegado al fin a la zona del final del pasillo, no ha encontrado a ningún empleado porque, finalmente, todos los compañeros han decidido huir en bloque para no tener que darle la mano “al hijoputa”.

“Ya hablaremos de esto”, ha susurrado el director gerente a José Manuel justo antes de despedirse del “Executive Vice President of Product Development” con un fuerte apretón de manos que ha provocado risas nerviosas en la oficina.

“Y ahora aún es peor porque las tiene sudadas”, ha concluido Marisa en voz baja.