Tras efectuar varias pruebas con un grupo de clientes de la empresa de telefonía Orange que soñaban con cambiar de proveedor, científicos de la Universidad de Stanford han concluido que el cerebro humano es incapaz de gestionar con éxito los procesos necesarios para dejar de ser cliente de la compañía.

“La corteza prefrontal ventromedial de los voluntarios alcanzaba niveles de actividad tan altos que el sujeto acababa desmayándose mientras susurraba que era estúpido cambiar porque todas las compañías son iguales”, explica el doctor Jack Forrash. Este experto considera que “como mecanismo de defensa, el cerebro recurre a la resignación para conservar la integridad psíquica”.

Cada vez que te pasan a otro departamento mueren cientos de neuronas

Las compañías de telefonía móvil han diseñado “sistemas de domesticación de la voluntad” inspirados directamente “en el comportamiento de las suegras, como hicieron también los nazis o los americanos en Guantánamo”.

Se trata de modelos de manipulación de la conducta basados en tres estrategias de ataque: la espera forzada, la ambigüedad comunicativa y la reiteración de procesos estériles.

“Te pasan de un departamento a otro y te obligan a repetir lo mismo una y otra vez a personas distintas, como en un interrogatorio militar. Esto fatiga al cerebro y anula su capacidad crítica. Luego, atacan con preguntas complejas y datos abrumadores que no tienen la más mínima importancia. El cliente entonces suma la confusión al cansancio. Y cuando es incapaz de actuar por sí mismo, entonces se le pide precisamente que actúe, ya sea enviando un fax o buscando un número de referencia. Como no puede afrontar la situación, el cliente cuelga y se encierra en el baño a llorar”, explica Forrash.

La intención inicial de los neurólogos era empezar por Orange y seguir con el resto de compañías. Sin embargo, se ha tenido que interrumpir el proyecto por el estado en el que quedaban los participantes.

“Admitimos que los voluntarios acaban con la corteza prefrontal ventromedial y con la dorsolateral más pochas que un calcetín mojado. Son incapaces de tomar decisiones y todo les parece bien. Supongo que se les pasará. Si quisieran nos podrían demandar por los daños provocados, pero dicen que ya está bien así, que no pasa nada”, explica el científico.

Seguir reclutando gente para que intente cambiar de compañía sería “un acto de crueldad que ni siquiera el avance científico justifica”.

Los investigadores están convencidos de que, si fuera necesario afrontar situaciones similares a darse de baja de Orange para obtener comida, el ser humano no habría podido sobrevivir como especie.