Juan “Solomillo” Bayona, reponedor en un establecimiento Carrefour del barrio de Lavapiés, en Madrid, ha recordado esta mañana la concepción del tiempo defendida por el filósofo alemán Friedrich Nietzsche en “Así habló Zaratustra” y que le explicaron cuando estudiaba en el instituto.

Aunque admite que en su día no prestó la más mínima atención a la idea de que los acontecimientos se repiten indefectiblemente en el curso de un devenir histórico de carácter cíclico, este reponedor de 39 años cree ahora que “en el fondo es lo que pasa de verdad, pero dicho así en plan bien, rollo literario”.

“El pavo lo clavó”, dice refiriéndose a Nietzsche

“El pavo lo clavó, esto es así”, insiste ahora Juan “Solomillo” refiriéndose a Nietzsche, argumentando además que “cuando llevas varios años reponiendo los mismos yogures en el lineal de lácteos te coscas de que, joder, es todo lo mismo una y otra vez y para siempre. Te rallas con eso y luego te acuerdas de que en la Historia los sabios se han rallado por lo mismo y bueno, algo de razón tendrán si luego ves que es así, ¿que no?”.

El reponedor ha reconocido asimismo que le gustaría hablar ahora con Miguel “Carapolla” Sanchís, su profesor de Filosofía, para reconocer su labor años después y pedir disculpas “por meterme la mano en los huevos y sacarme pelos y tirárselos en el café con leche un día que estábamos en la cafetería y yo iba un poco colocado”.

“Te crees que hablan de mierdas y paranoias y luego la vida te enseña que estos cabrones a veces saben de lo que hablan”, añade el trabajador, recalcando con sus palabras la importancia del debate intelectual como diagnóstico cabal de la realidad.

Al cierre de la edición, y tras tener conocimiento del repentino arrebato de lucidez de su exalumno, el profesor Miguel Sanchís, quien sigue dando clases de Filosofía en el Instituto Virgen de Motown de Alcobendas, ha acudido al supermercado Carrefour para saludar a Juan y abundar en el tema del eterno retorno.

“Le he recordado la clase en la que hablamos del eterno retorno nietzscheano, donde insistí en que esta tesis tiene también una base en la doctrina estoica. Porque la historia de las ideas es un diálogo en el tiempo, que es algo que yo intento comunicar a mis estudiantes siempre. Igual que él se ha acordado de Nietzsche porque siempre repone yogures, a todos los pensadores les sobrevienen revelaciones parecidas al conectar con ideas de otros. Le he hecho notar además que, aunque los yogures que él repone cada día parecen uno y el mismo, en realidad cada uno de ellos es un ejemplar singular e irrepetible. Y esto nos lleva a Platón, al que también explicamos en clase, y nos lleva igualmente a la teoría de los tipos y los ejemplares de Bertrand Russell, que no entraba en el examen pero también se la mencioné porque es fundamental. Y, además, aparece de alguna manera referida en la literatura. Le he recomendado a Juan que se lea ‘La inmortalidad’ de Milan Kundera, donde justamente se hace referencia a esta idea que viene de Platón, que luego recoge Russell y que ahora nosotros estamos de nuevo rememorando. Me gusta que se haya dado cuenta de que los hombres, a través de la reflexión y la palabra, estamos interconectados en el tiempo”, ha declarado el profesor.

“Menuda chapa el hijoputa. No veas nen, que me ha tenido media hora de pie en el pasillo con todos los putos yogures acumulándose y ahora saldré tarde por culpa del plasta de los cojones. Puto carapolla de mierda. Qué ganas de volver a sacarme pelos del paquete y metérselos en la boca, coño”, ha confesado el reponedor, que no volvería al instituto “en mi puta vida, vamos”.