El servicio de neonatología del Black Sabbath Hospital de Kingston (Ontario) se ha enfrentado esta madrugada a uno de los partos más difíciles que se recuerdan. “Es duro decirlo, pero el bebé es tonto. Tonto de toda la vida. Hemos tenido que sacarlo nosotros de donde estaba porque, si no, allí se queda”, explica uno de los facultativos.

Siempre fue un feto más bien paradito

Incapaz de articular una simple frase, la criatura no ha caído siquiera en la necesidad de respirar y han tenido que ser los médicos quienes, mediante palmadas en el trasero, le forzaran a reaccionar. “Es que, si no llegamos a hacerlo, se muere de puro tonto que es”, insisten los expertos.

El niño necesita ayuda para realizar las funciones más básicas como, por ejemplo, comer, dormir y lavarse. “Hasta un gatito sabe lo que tiene que hacer cuando llega a este mundo. A este crío le dejas solo diez minutos y a saber en qué estado te lo encuentras”, declara su pediatra. “Tendrá que ir a clases de refuerzo antes siquiera de empezar las clases”, añade.

Los padres del recién nacido no descartan que su hijo se esté haciendo el tonto para no tener que asumir responsabilidades. “Le pides que te traiga algo y se hace el sordo. Ni siquiera me mira cuando le regaño. Es un problema de actitud. Reconozco que lo hemos malcriado”, admite la madre. “Este muchacho no sabrá lo que es la tele hasta que demuestre un poco más de respeto e interés”, dice su padre.

A última hora de la mañana, el bebé ha sido sorprendido mirando fijamente al techo y con la baba colgando.