Más de dos años después del inicio del movimiento 15-M, Isabel Robledo, ejecutiva de cuentas de una conocida agencia de publicidad madrileña, ha decidido apoyar sin reservas y de forma activa el espíritu combativo que en su día inundó la Puerta del Sol.

Robledo asegura que su paciencia con la gestión de la crisis por parte del Gobierno ha llegado a su fin. “Aguantas por miedo a cambiar las cosas pero luego, cuando ves que eres tú la única que tiras del carro para que todo funcione, te hartas y dices: ‘Ya está bien'”, argumenta la mujer.

“¡No hay pan para tanto chorizo!”, grita pensando en su ex

El entorno de Isabel cree que ese interés repentino por la justicia social está directamente relacionado con su ruptura sentimental. “Ella se gana muy bien la vida y nunca fue a las acampadas ni nada. No es que estuviera en contra de las protestas, pero vamos, lo vivió con mucha distancia. Ahora le ha dado por ahí justo cuando su marido se ha ido con una creativa quince años más joven. Es su manera de soltar la rabia. Le resulta más fácil enfrentarse al capitalismo que a la frialdad de Juanjo”, explica un amigo de Robledo.

Isabel rechaza la versión “simplista e infantil” de su entorno e insiste en la necesidad de liderar un cambio social. “No hay derecho, están desalojando a la gente de sus casas después de haberlos empujado a firmar hipotecas que no podían pagar cuando esta gente había puesto mucha voluntad en esta relación para que luego todo eso se olvide y te dejen tirada en la cuneta de esta manera”, dice.

“Que te abandonen a tu suerte después de haber invertido tanto en esto, después de darlo todo, aprovechándose de tu buena fe y del hecho de que no preguntes para no ser la típica pesada, es de hijos de puta. Esto es lo que son. Son todos iguales. Los bancos, digo”, insiste Isabel.

La mujer no puede ocultar las lágrimas cuando habla de la ley hipotecaria: “¿Dónde queda todo nuestro esfuerzo? Nos lo han quitado todo. Nuestras vidas, todo. Ellos van a lo que van, y crees en lo de las preferentes hasta que empiezas a ver que la preferente es una cría con las tetas bien puestas a la que, por supuesto, también dejarán tirada. Porque el sistema financiero es así. Son tiburones. O cerdos. Más bien cerdos egoístas que tiburones. ¿Y quién se queda el coche? El coche es mío, que lo pagué con la herencia de mis padres. Si se lo lleva le monto un cristo, vamos. Recojo las firmas que hagan falta. Somos muchos y todos tenemos el mismo objetivo: hacer que los responsables paguen por lo que me ha hecho este cabrón. Este sistema social cabrón”.

“Veinte años diciéndote que esto es una democracia para toda la vida y luego te das cuenta de que no lo es. De que lo llaman democracia pero nunca lo fue. Por eso tengo claro que yo me quedo la casa y que acampe él si quiere”, sentencia la mujer.