Ojerosos, cabizbajos y confusos se han presentado esta mañana el presidente Mariano Rajoy y el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, en el hall del edificio Justus Lipsius de Bruselas, sede del Consejo de la Unión Europea donde se celebra hoy la Cumbre de los Veintisiete.

En su último encuentro en La Moncloa, ambos líderes acordaron aunar esfuerzos con el objetivo de escenificar, ante el Consejo Europeo, la falta de recursos de nuestro país, justificando así la necesidad de obtener más apoyos.

Han proyectado una sólida imagen de tristeza y desamparo

Ambos llegaron ayer por la tarde al hotel designado por la organización y pidieron dormir en la misma habitación para “proyectar austeridad”. Rubalcaba bajó tres veces a la recepción para pedir la contraseña del Wi-Fi del hotel y conectar así su ordenador portátil. “A veces le cuesta engancharse a la red, pero este Acer todavía aguanta, es un pepino”, dijo.

Esta mañana, ya en la sede del Consejo Europeo, Rajoy y Rubalcaba han intentado buscar a alguien de los Veintisiete que pudiera indicarles dónde y cuándo empezaba el encuentro.

“Ha pasado un señor alto que me suena de otras veces, pero no sé cómo se llama y, como tampoco me ha saludado, me da cosa preguntarle”, ha admitido el presidente.

“Tendríamos que haber pedido una guía en la recepción del hotel, que allí hay una muchacha que habla español”, ha añadido Rubalcaba, tocando una planta para comprobar si era de plástico o de verdad.

Finalmente, y diez minutos después de iniciarse la cumbre, han logrado encontrar el salón de actos principal, pero ambos han decidido abandonar la reunión a los cinco minutos: “Ya entraremos luego, ahora creo que están hablando de lo de Chipre, que a nosotros no nos afecta”, ha argumentado el presidente del Gobierno.

Siguiendo una sugerencia de Alfredo Pérez Rubalcaba, los dos líderes, en silencio y dándose indicaciones el uno al otro, han ido a la cafetería a tomar un café con leche y un bollo.

A estas alturas de la cumbre, la delegación española no duda en hablar de éxito: toda la prensa extranjera, así como los líderes europeos consultados, resaltan el patetismo “del señor calvo que acompañaba al presidente del gobierno español”, lo que ha provocado que Rajoy diera más pena de lo habitual. “Y no era fácil de conseguir”, ha remarcado Angela Merkel.

Griegos y portugueses ya han tomado nota y el presidente heleno ha asegurado que a la próxima cumbre acudirá con varios mendigos en su equipo.

Por su parte, y aprovechando un receso en la reunión, el portugués Passos Coelho ha decidido entonar un melancólico fado, reconociendo que seguían dando más pena los españoles “yendo por los pasillos de la mano y mirando al suelo”.

Antes de volver al hotel para hacer la siesta, y con la sensación de “haber hecho los deberes”, Rubalcaba ha podido confirmar a la prensa que la planta de la entrada del edificio Justus Lipsius es de plástico. “Si tocas las hojas ves que son duras, pero da el pego”, ha sentenciado.