Mauricio F. ha llevado a su hijo a los tribunales tras sospechar, por sus rasgos faciales y su comportamiento, que éste le había plagiado el código genético. “Hacerle esto a su propio padre, copiar lo más íntimo de una persona. Que se busque su propio ADN”, exclama.

El padre critica que “la juventud de ahora se limita a reproducir los patrones de los mayores, todo por no esforzarse” y quiere que el castigo sirva para que su retoño “deje de imitarme y se refresque un poco, que huele a apolillado”.

“No es normal poner en Facebook que estás lavando las alfombrillas del coche y que prepararás una barbacoa y por la noche un ‘guateque’. ¿Guateque? ¿En qué año vive?”, explicó la exnovia de Sergio, que cuando conoció al padre dedujo que había gato encerrado. “El patrón dominguero lo copió del padre seguro”, insistió.

“Le pregunté directamente si su ADN era suyo y me contestó que sí muy indignado. Está claro que no tenía la conciencia tranquila”, sentenció la chica ante el juez.

El juez ha condenado al plagiario a irse de viaje “con peña molona a saco, con gente que lo flipe, que te haga sentir que lo estás petando ahí como un jefazo… ¿Me entiende el acusado? ¿Lo pilla?”, dijo al anunciar la sentencia.

El magistrado entregó al joven un paquete de caramelos Mentos “para que te refresques, que pareces una momia, un apalancado” e intentó provocarlo gritándole “Buuuu buuuuu, loseeeer”.

El joven pero viejo Sergio, ya con un Mentos en la boca, prometió aplicarse para “integrarme en la marchita”, a lo que el juez respondió corrigiéndole: “Se dice ‘para ponerme haipel y petarlo ahí con toda la peña, liándola parda'”.