Juntando todos sus ahorros, y tras meses de negociaciones con el Ministerio de Fomento y varias entidades de transporte del país, ocho vecinas del distrito madrileño de Arganzuela, en Madrid, han adquirido los asientos de todas las líneas de metro de la capital, así como los de las redes de Barcelona, Valencia, Málaga y Sevilla, donde viven familiares y amigos suyos.

Estaban hartas de mendigar asientos

Las mujeres, de entre 75 y 84 años, estaban “hartas de tener que mendigar asientos” y de aguantar a la gente “que pone los pieses encima de las butacas donde luego nosotras tenemos que poner las bolsas de la compra, porque en el suelo no las vas a dejar”.

La transacción, que no tiene precedentes ni en España ni en el resto del mundo, ha sido posible por la imperiosa necesidad que tenían las ciudades de encontrar apoyo financiero.

Para el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, esta iniciativa es una manera de captar recursos económicos para que Metro pueda afrontar su “desequilibrio enorme” de ingresos y gastos y los 800 millones anuales de déficit de explotación sin “repercutir mucho en las tarifas”.

Al mismo tiempo, los ayuntamientos consideran que las nuevas propietarias de los asientos “velarán para que la gente mayor tenga preferencia en su uso, reforzando así la labor social del transporte público”, en palabras de González.

“Una nueva era ha llegado”, anuncian las compradoras

Los asientos de algunos convoyes de la línea 3 del metro de Madrid ya lucían esta mañana tapetes de ganchillo y un cartel que prohibía sentarse en ellos sin permiso expreso de sus propietarias.

Éstas tienen previsto inaugurar los asientos en el andén de la estación de Palos de la Frontera, donde ofrecerán un refrigerio a los pasajeros que se pasen por allí.

“Los asientos son sobre todo para nosotras, que por algo los hemos pagado, y luego para la gente que sepamos que los necesitan, gente mayor como nosotras que no puede estar de pie mucho tiempo. Y luego, ya si sobran, pues vamos viendo si se puede sentar gente joven embarazada o normal, gente limpia que sabes que los va a dejar como los encontró”, ha explicado Julita Bartual, portavoz de las propietarias.

Las ancianas no descartan la compra de asientos de la red de autobuses, pero como no son usuarias frecuentes “porque vivimos al lado de la parada del metro y el mercado de Santa María de la Cabeza está a un tiro de piedra de nuestras casas, así que vamos andando que también nos va bien para la circulación”, el proyecto no se encuentra entre sus prioridades.