La crisis del sector del automóvil ha llevado a Citroën a volcar todos sus demonios en una nueva etapa introspectiva, melancólica y llena de angustia. Sentimientos que se han concretado en su monovolúmen más personal, una pieza atormentada que aumenta el espacio entre los asientos para transmitir a sus pasajeros una desgarradora sensación de aislamiento y soledad.

Los asientos, más separados, transmiten aislamiento

“Deseas dar un volantazo y acabar con tanto sinsentido”, admite el crítico de arte Rénard Didiot, gran conocedor de la trayectoria de la marca francesa desde que ésta logró hacerse un nombre con la presentación en París de “Dos caballos” (1948), pieza célebre en la historia del arte por haber introducido el movimiento real en la escultura ecuestre.

Definido como “un bloque a la deriva intentando encontrar su sitio en el mundo”, la apertura del capó del Xsara Picasso sumerge al espectador en una opresiva atmósfera de desesperanza.

“La sensación es de no entender nada y, por tanto, de tener que asumir como un ‘factum’ la incomprensión de los engranajes que nos gobiernan y nos mueven”, insiste Didiot, que describe el sonido del motor al ralentí como “el lamento de esta enorme bestia agonizante que es la Europa actual”.

Alejada definitivamente del interés por el Saxo -perteneciente a una época más frívola y jovial-, Citroën se ha instalado en el cultivo de la tristeza sin freno, alentada por el dramático desplome de las ventas en el sector.

“Xsara Picasso”, dominado por el azul metalizado y con violentos y expresivos trazos en negro, se ha presentado hoy en París y se espera que circule con éxito por toda Europa en una exposición itinerante que, hasta el 14 de octubre, se podrá ver en el garaje del Museo del Louvre.