Agentes de la Policía Nacional han intervenido un kilo y medio de cocaína que un grupo de poetas narcotraficantes pretendía introducir en España, a través del aeropuerto de Sevilla, oculta en el subtexto de varios libros de poesía amorosa.

El “pálido polvo del deseo” impregnaba varios pasajes

Los intelectuales conseguían la droga a través de sus contactos en Ecuador y luego, en París, la refinaban con pulida retórica y la introducían delicadamente entre líneas, camuflándola muy sutilmente detrás de metáforas rimbombantes.

Ya en España, la cocaína se distribuía en librerías de viejo cocainómano e incluso en recitales-tapadera improvisados para tal efecto.

Las investigaciones, realizadas por especialistas en la lucha contra el tráfico de drogas de Sevilla y Málaga, se centraron en decenas de versos sospechosos que hablaban del “río de nieve que recorre las oscuras fosas del deseo” o directamente del “pálido polvo que tiñe de placer tus sedientas arterias palpitantes”.

Estos pasajes se recubrían de otros muchos versos floridos escritos para despistar, de modo que solo un lector que sabía lo que estaba buscando podía detectar la droga.

“Eran profesionales de la palabra”, admite uno de los agentes de la Unidad de Análisis del Subtexto de la Policía Nacional, que tardó varios meses en demostrar que el gran poema épico “La raya que no cesa” utilizaba un supuesto homenaje a Miguel Hernández como excusa para el tráfico de estupefacientes.

“Los poemas eran bastante toscos pero la cocaína era de alta calidad”, admiten fuentes de la Policía Nacional.

Los detenidos, cuatro licenciados en Filología por la Universidad de París Dauphine, se han declarado “descompuestos por el estallido de injusticia que corroe nuestras entrañas como una bestia rabiosa de venganza”.