El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha identificado la presencia de ADN de becario en las albóndigas Ikea, mientras que Nestlé ha ordenado retirar toda la producción de su proveedor español de carne al haberse encontrado en los análisis ADN de estudiante de Erasmus superior al 1 %.

Su carne es más valiosa que su fuerza de trabajo

“En cualquier caso, esto no afecta a la seguridad alimentaria del producto ni implica ningún riesgo para la salud”, explica el departamento que dirige Miguel Arias Cañete en un comunicado. Las autoridades creen, incluso, que “la calidad de la carne de becario es mayor que la de vacuno, y no tiene coste alguno para el proveedor”. Muy al contrario, este tipo de carne suele proporcionar incentivos fiscales a las empresas.

“En el caso de la industria cárnica, los becarios ayudan más a la empresa como materia prima que aportando su fuerza de trabajo”, admite el Ministerio. La práctica, sin embargo, sigue siendo irregular porque el uso de carne de estudiantes con beca no está permitido, aunque “tampoco prohibido explícitamente”, apuntan algunos fabricantes.

Numerosos expertos en alimentación señalan que los becarios suelen consumir productos precocinados que contienen trazas de sus compañeros, por lo que los propios becarios contribuyen a perpetuar esta situación que les permite integrarse en el mercado laboral.

El sector cárnico temía que el descubrimiento de trazas de carne de becario en los alimentos provocara el rechazo del consumidor pero, finalmente, parece que no ha sido así. “Las albóndigas de Ikea tienen un sabor especial y no veo por qué tenemos que rasgarnos las vestiduras. Sí me parece mal que nos mientan en el etiquetado, porque si las albóndigas que estoy comiendo tienen carne de mi propio hijo, coño, pues me gustará saberlo para estar orgulloso”, explica un cliente de Ikea.