El último concierto de los Rolling Stones en el Prudential Center de Newark se está convirtiendo en una agonía sin fin. El cantante Mick Jagger, de 69 años, lleva más de seis horas intentando destrozar una guitarra Les Paul golpeando con ella el suelo del escenario. 

“Esto va camino de convertirse en el concierto más largo de la historia del grupo y del ‘rock and roll’. De momento, la guitarra solo tiene un par de rasguños y su estructura se mantiene intacta. A Jagger, en cambio, le han crujido los huesos tan fuerte que se ha oído en el rincón más alejado del pabellón”, explica el crítico musical Howard Carallot.

Solo ha parado para comer un bocadillo de atún

El líder de la banda está empeñado en seguir aporreando el suelo con el instrumento hasta que éste quede reducido a un montón de astillas. “Solo ha parado para comerse un bocadillo de atún”, aclara Carallot. Jagger se ha negado a hacer declaraciones, ocupado como está con el asunto, pero se le ha oído susurrar que cada vez se fabrican instrumentos más “jodidamente robustos”.

Los fans del grupo siguen jaleando a Jagger sin reservas, a excepción de unas pocas deserciones y desmayos debidos al agotamiento. El recinto estalla en aplausos cada vez que el cantante levanta lentamente la guitarra para dejarla caer y las sexagenarias que ocupan las primeras filas han ido a comprar más lencería para poder seguir arrojando bragas sucias al cantante, aunque sin lanzarlas muy fuerte para no tumbarle. Los servicios de seguridad han tenido que expulsar a un espectador que, con toda la buena intención, le ha tirado su bolsa del pipí a Keith Richards, dejándolo perdido.