Cuando los monos suenan en estéreo

El Zoo de Madrid se ha apuntado al fin a la moda del 3D para acercarse al realismo cinematográfico y competir con la experiencia casi inigualable de los grandes formatos en alta definición. Animales de todos los tamaños e ideologías se congregan frente al espectador como si estuvieran realmente en la Casa de Campo de Madrid, con efectos muy conseguidos y movimientos naturales y fluidos.

Las nuevas gafas de visión tridimensional logran que nos olvidemos de que estamos en un zoológico, haciéndonos sentir como en un cine en tres dimensiones rodeados de animales que nos miran fijamente mientras hacen de vientre, rugiendo e incluso oliendo fuerte. Tal es el poder de sugestión de la imagen tridimensional.

Las cebras siguen estando en blanco y negro

Existen aún algunas carencias, que con el tiempo la tecnología irá superando. Las cebras, por ejemplo, siguen apareciendo en blanco y negro y a los reptiles, si se les mira atentamente, se les ve pixelados. Tampoco se ha querido prescindir de figuras emblemáticas como Priscila Pacheco, la ecuatoriana que lleva más de 15 años encarnando a la foca gris. La actriz ha tenido que hacer grandes esfuerzos para adaptarse al traje con sensores de movimiento, y el resultado es aún bastante artificial. Los responsables del zoológico creen que es cuestión de práctica y no les importa que a veces se rompa un poco el realismo, haciendo guiños a la infancia. De ahí que Bob Esponja figure en la sección de invertebrados y se dedique a hacer globos con formas divertidas.

La experiencia en tres dimensiones obliga a moverse con las gafas puestas todo el rato, incluso cuando nos detenemos para comer un perrito caliente con la familia. Las manchas de mostaza y el brillo de las salchichas ardientes se muestran también muy realistas y consiguen que vuelvas a casa con la sensación de haber comido como un cerdo. Si uno se acerca al baño, puede incluso que sienta ganas de orinar de verdad.

Los espectadores más exigentes echarán de menos un argumento más potente. Las historias de los monos masturbándose y los delfines saliendo del agua como si fueran a cambiar una bombilla no están conectadas entre ellas, por lo que la sensación final es de cierta dispersión narrativa. Pero lo que se vende es principalmente una propuesta de efectismo visual, y en este sentido el trabajo con los pelos del orangután o las plumas de los papagayos es irreprochable y se acerca a los estándares de cualquier película de Pixar. El zoo no oculta en ningún momento la influencia de las películas de animación. Las hienas y los leones remiten a referentes clásicos como “El Rey León”, y la orca está diseñada pensando claramente en el personaje de “Liberad a Willy”.

El zoo de Madrid en 3D es, en cualquier caso, la vivencia más cercana a la fauna terrestre que la tecnología nos puede ofrecer a día de hoy. Y el furor por el realismo se va extendiendo poco a poco a otras ofertas de ocio. El puticlub Matilde’s, por ejemplo, ya está ofreciendo gafas 3D a sus clientes VIP para que experimenten nuevos sistemas como el Dolby Susurround o el Potorro Display.

Lo mejor: el trabajo de los diseñadores y programadores, que roza el virtuosismo.

Lo peor: el olor a mierda se lo podrían ahorrar.

Valoración El Mundo Today: ★★★★★

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