El Gobierno dio ayer luz verde a la reforma más dura del Código Penal, que contempla, entre otras medidas, la prisión permanente revisable, cercana a la cadena perpetua, y la incorporación del gin-tonic servido en vaso de tubo como delito grave.

También acarreará penas de hasta un año de cárcel el hecho de despedirse de una persona diciendo “chaíto” o “besis”, ya sea oralmente o por escrito. Doblar las hojas de los libros en vez de usar un punto se castigará con multas de hasta 600 euros.

Otra de las grandes medidas de la reforma del Gobierno es la decisión de castigar la “divulgación no autorizada de imágenes o grabaciones de las vacaciones familiares, incluso si se han obtenido con consentimiento de la víctima”. Se pretende así erradicar esas situaciones tan incómodas en las que hay que soportar el eterno visionado de escenas vacacionales sin interés y con un exceso de zooms que en ocasiones provocan mareos e incluso la pérdida del conocimiento.

Dejar la mantequilla fuera de la nevera será falta grave

Según el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, el propósito de endurecer el castigo en delitos “especialmente reprochables como dar golpecitos con los dedos repetidamente en una superficie dura sabiendo lo mucho que esto enerva a los demás” es el que ha impulsado la modificación de la normativa penal. “Esta reforma pone cerco a estas pequeñas cosas que desgastan la convivencia entre los españoles, como dejar la mantequilla fuera de la nevera o no decir nada cuando tu mujer se ha hecho algo en el pelo”, ha insistido el ministro.

Retener líquidos se considerará hecho delictivo

Las personas que tengan tendencia a la retención no autorizada de líquidos deberán responder también ante la ley, enfrentándose a una pena de ocho meses a dos años de cárcel (o multa de hasta 24 meses). A quienes hayan estado reteniendo líquido antes de la aprobación del nuevo Código, se les ofrecerá la posibilidad de soltarlo todo en un breve periodo de tiempo, sometiéndose luego a controles periódicos para evitar recaídas.