Desmontando a Predator

Como cada año, ya tenemos en las salas una nueva entrega del periplo turístico por Europa con el que Woody Allen nos está deleitando en los últimos tiempos. Esta vez, la capital donde transcurre la acción es Roma. Hasta ahí, ninguna sorpresa. Pero, si los últimos filmes de Allen han girado en torno a las mujeres (Scarlett Johansson, Penélope Cruz), ahora su musa es Predator.

En “Allen versus Predator” se nos ofrece un acertadísimo popurrí de las obsesiones y neuras del director de Manhattan con la cacería de humanos como excusa. En esta comedieta gore “all’italiana”, Predator encarna a un escritor neoyorkino, judío y neurótico que, en pleno bloqueo creativo, siente la necesidad de viajar a Roma, donde vive un viejo amigo suyo (Allen). Ya en la ciudad, como es natural, el humanoide dará caza a cientos de personas mientras un sentimiento de culpa muy judío y muy alleniano se apodera de él.

Allen logra que Predator libere todos sus demonios

“¿Tú crees que cazar humanos es sucio?”, le pregunta el personaje de Allen a Predator. “Si se hace bien, sí” contesta Predator. Y a partir de aquí se forja una relación en la que la vieja gloria hace las veces de psicoanalista, ángel de la guarda y alter ego de Predator, al que ve como una versión más joven de sí mismo que no es capaz de enamorarse de verdad. El confidente flacucho intentará que Predator libere todos sus demonios internos. Y lo logrará con creces.

El “tour de force” interpretativo entre Allen y Predator no escatima escenas del mejor “slapstick” alleniano. A Predator no le falta garra en absoluto, incluso se atreve con un pequeño número musical a lo “Todos dicen I Love You” en el que se dedica a arrancar columnas vertebrales mientras entona “Autumn Leaves” con sus fauces de doble mandíbula.

Especialmente destacable es la escena en la que Predator se levanta de la cama y aparece desenfocado y medio invisible, como una metáfora palpable de su desorientación vital y su sentimiento de culpa, lo que da lugar a los gags que mejor funcionan en todo el filme. “Estoy espiritualmente arruinado, vacío. ¿Sabes lo que es un agujero negro?”, le dice Predator a una prostituta (una muy pizpireta Penélope Cruz) justo antes de arrancarle el cráneo para conservarlo como trofeo de caza.

En resumen, en la película se agradece la presencia de Allen, al que hacía mucho tiempo que no veíamos delante de las cámaras, y funciona muy bien la química con este Predator atormentado, cómico y de poderosa presencia que acaba salvando el nuevo pastiche europeo del director de “Annie Hall”.

Lo mejor: Predator, que salva del fiasco la que podría haber sido una entrega alleniana más.

Lo peor: en vez de Predator en una película del universo Allen, muchos hubiéramos preferido ver al enclenque director en una película del universo Predator.

Valoración El Mundo Today: ★★★★★

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