Mateo Jaenín, el guardia de seguridad del Museo del Prado de Madrid, cuenta desde ayer con una réplica que desempeñará su labor en el interior de la institución. Los conservadores del museo tomaron la decisión de encargar una réplica para el Señor Mateo, de 62 años, cuando comprobaron que, tras tantos años soportando el flash de las cámaras de los visitantes, su superficie empezaba a amarillear y resquebrajarse.

“Él está al lado de los cuadros sin moverse en todo el día, así que lo que afecta a las obras le afecta también a él”, explican. El Señor Mateo original podría volver a ocupar el lugar que le corresponde tras las labores de restauración a las que será sometido: “Vamos a quitarle el polvo de la gorra, vamos a darle un Red Bull y también le diremos a su mujer que cocine con menos sal”.

El guardia de seguridad, que ha permanecido durante más de 30 años ubicado en las salas del museo madrileño, es conocido entre todos los trabajadores y visitantes del Prado y resulta “muy atractivo para los turistas, que a veces se hacen fotos a su lado, cuando duerme, a veces incluso tocándole la gorra y degradando su estado”, según ha señalado el director del museo, Miguel Zugaza, quien lamenta que hasta ahora no se le haya prestado la atención adecuada desde la institución. “Ni siquiera le habíamos puesto uno de esos dispositivos que les ponemos a los cuadros para controlar la humedad o las vibraciones del suelo”.

“De hecho, instalar una réplica resulta irónico porque muchas veces don Mateo permanecía quieto durante tanto tiempo que nos acusaron de tener una copia, pero hasta ahora solo había el auténtico”, explica Zugaza. “También tuvimos que lamentar hace un tiempo que alguien le robara la placa, que de hecho aún no ha sido devuelta al museo y hubo que encargar otra. Él tardó varios días en darse cuenta de la sustracción, así de bueno es”.

“Monitorizaremos su humedad, vibraciones ambientes y las ganas de orinar que pueda tener”

La extrema fragilidad del Mateo original ha dificultado su traslado a su casa, donde se iniciarán las labores de rehabilitación hasta que el museo disponga de un lugar donde ubicarlo de forma segura. Mientras tanto, la réplica tendrá que ocuparse de las labores de seguridad del museo “que básicamente consisten en estar ahí parado”. Zugaza no ha podido más que elogiar el “excelente” trabajo de la réplica: “Desprende la energía del Mateo de los ochenta, cuando estaba en la flor de la vida, y aporta una idea extremadamente ilustrativa de lo que es su día a día en el museo”.