El aspirador automático Roomba está diseñado para ser capaz de eliminar el polvo de todo el piso, esquivando todos los muebles y rodando de habitación en habitación. Sin embargo, varios estudiantes de un piso compartido han sido condenados a un año y medio de cárcel por forzar a su Roomba a sacar también la basura a la calle, lo cual obligaba al electrodoméstico a bajar las escaleras y levantar pesos para los que no está preparado. 

“El trabajo era excesivo para el pobre cacharro. Cuatro estudiantes en un piso pueden generar mucha suciedad. Ha tenido que tragar mucho”, comenta uno de los agentes que rescataron al aparato, alertados por una vecina que en algunas ocasiones ayudó a la Roomba a subir las escaleras o se la encontró bajo la lluvia en el portal de casa, después de bajar a la calle a tirar la basura y sin que nadie la atendiera por el interfono.

Los agentes encontraron la Roomba agazapada tras el sofá, completamente atemorizada y casi sin batería.

Los jóvenes, acusados de un delito de maltrato habitual y de coacciones, presionaban presuntamente a su aspiradora Roomba para que fuera a comprarles marihuana e incluso uno de ellos obligó al robot a presentarse a un examen de literatura comparada haciéndose pasar por él.

Este suceso, según las autoridades, provocó en el robot doméstico un estado de ansiedad que le llevó a escribir mensajes de socorro. “Veías que el recorrido que seguía en el suelo no era el habitual, sino errático; luego vimos que seguía un patrón y que su ruta dibujaba la palabra ‘ayúdame’. ¿Pero cómo iba a yo a pensar que la trataban así?”, explica la novia de uno de los chicos.

“La obligaban a hacer vídeos graciosos con el gato y si no recibía muchas visitas la golpeaban”

Los policías sospechan de la complicidad de la joven porque, según ellos, era imposible que no fuera consciente de lo que sucedía en esa casa. “¿No sospechaba nada cuando veía que el aparato se escondía debajo del sofá al ver que los estudiantes salían de sus habitaciones? ¿O es que ante el maltrato miraba para otro lado?”, se queja un agente. “Esta aspiradora debe de haber visto cosas horribles, se me revuelven las tripas solo de pensarlo. Probablemente, mientras limpiaba, los habrá visto masturbarse en sus habitaciones sin que le hicieran el menor caso o siquiera vieran que estaba allí”.

Los cargos van más allá del maltrato físico producto de “una execrable relajación en las labores de limpieza” y se centran sobre todo en el maltrato psicológico con saña al que el aparato era sometido. En una ocasión, uno de los jóvenes llevó a la Roomba en coche a la otra punta de la ciudad, la hizo bajar y le espetó “y ahora te vuelves andando, puta”.

La Roomba estará un tiempo conviviendo con otros electrodomésticos que también han sufrido abusos, como la Thermomix de un gordo que ahora ya solo sirve para calentar agua.