Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 han llegado a su fin y los deportistas españoles regresan ya a España con la satisfacción de haber ganado en total diecisiete medallas. Pese al cansancio y a las ganas de recuperar la rutina, muchos de ellos se resisten a desprenderse del chándal oficial y se niegan a vestir ropa de calle.

“Es que mola un huevo. Te mira todo el mundo. Fíjate que la medalla ya no sé ni dónde la he puesto, pero no pierdo de vista la sudadera”, reconoce el piragüista David Cal. Oler a sudor no les importa: no lavarán el chándal hasta que llegue otro ejemplar idéntico que le sustituya.

Gasol: “Me pondría varios, uno encima de otro”

“Al principio me parecía hortera y chabacano, no quise ponérmelo hasta el último momento. Pero cuando me lo puse, me entraron unas ganas locas de ir a los toros”, asegura la nadadora Mireia Belmonte. “Yo me alegro más que nunca de ser tan alto porque mi chándal tiene más tela de lo normal. Y poca me parece. Me pondría varios, uno encima de otro, porque esto es la hostia y no se puede explicar con palabras”, sentencia Pau Gasol, que ha tirado a la basura todos sus trajes “porque ahora cualquier cosa que no lleve ese estampado me parece una mierda”.

Los deportistas comprobaron en Londres que la prenda atraía las miradas de todo el mundo: “Los primeros días pensaba que llevaba la bragueta abierta porque la gente se me quedaba mirando. Pero no podía ser eso porque esta maravilla no tiene cremallera. Para mear, lo mejor es llevar siempre una bolsa de plástico, quitarte los pantalones del chándal, doblarlos con sumo cuidado y meterlos dentro de la bolsa hasta que acabas de orinar. Así evitas que se manche con alguna gotita furtiva de pipí. No soportaría que se me manchara, casi le arranco la cabeza al campeón japonés de lucha libre porque se me acercó con los dedos pringados de mostaza”, declara el corredor de triatlón Javier Gómez Noya.

“Phelps quiso cambiármelo por su medalla”

Gómez Noya revela que el nadador estadounidense Michael Phelps “nos estuvo dando la brasa a todos para que le vendiéramos el chándal al terminar los Juegos. Quiso darnos pena con lo de que se iba a retirar, pero tontos no somos”. El ansia de Phelps le empujó a proponer un trueque: “Nos dijo que nos cambiaba sus cuatro medallas por cuatro chándals españoles. Luego incluso dijo que nos las daba todas a cambio de un solo chándal. Para que se callara, le contesté que tenías que ser español para poder llevarlo, y me salió con no sé qué historia de que tiene un antepasado de Badajoz. Al final le dije: ‘Mira, Michael, no me vengas con cuentos y sigue mordiendo tu puta medalla que a mí no me vas a liar’. Al final se fue cabizbajo, diciendo que se lo encargaría a un sastre que es primo de un amigo suyo, o amigo de un primo suyo, ya no me acuerdo”, añade el atleta.

La prenda que eclipsó los fuegos artificiales

Las estrellas del mundo del espectáculo que participaron en las ceremonias de inauguración y de clausura tampoco pudieron resistirse a los encantos del chándal oficial de los españoles. “He encargado ciento veintidós, pidiendo que en vez de España ponga Elton, pero el resto del diseño es perfecto. Parece hecho para mí. Con unas plataformas de charol de diez centímetros y este chándal, resucito lo mejor del glam”, sentenciaba Elton John.

Incluso en las imágenes aéreas del estadio olímpico de Stratford, con todos los fuegos artificiales iluminando la escena, se aprecian, por encima de todo lo demás, las figuras de los deportistas españoles con el llamativo atuendo. “Fue una ceremonia rojigualda. Los Who, las Spice Girls y el resto de los chicos estuvieron muy bien, las cosas como son, pero contra este chándal no se puede competir. España ha ganado el oro en estilo y saber estar y esto nadie nos lo quita”, concluye Gasol, abanderado de la delegación olímpica española “y chandalero a muerte”.