Margarita Radigales, una mujer de 64 años de Badajoz, informó ayer de que va a comenzar a desarrollar su programa de energía nuclear “con fines pacíficos como hacen Brasil y Argentina”, según ha declarado en una entrevista al canal France 24. Radigales ha hecho estas declaraciones después de que algunos líderes occidentales se hayan interesado por su adquisición de 130 microondas de segunda mano en diversos establecimientos “Cash Converters”, en los que Radigales espera encontrar, según sus propias palabras, “mandanga radiactiva”.

Aunque Margarita insiste en que su programa nuclear está encaminado a un “armamento pacífico y preventivo”, advierte de que no dudará en usarlo si vuelven a subirle el IVA o si su vecina del quinto vuelve a dar problemas pagando el mantenimiento del ascensor. Las leyes occidentales sobre el tráfico de posible material nuclear son muy estrictas, pero el hecho de que Radigales pretenda extraerlo de hornos microondas que están en su propio domicilio le permite eludir las sanciones de Naciones Unidas y le da un control absoluto sobre un proceso que se cree que tiene como fin producir armamento atómico, tras haberse descartado que lo necesite “para lavar más blanco”.

“He desmontado ya 50 microondas y todavía no he encontrado uranio ni nada de eso, pero he visto alguno que está realmente guarro y guardo esperanzas. Y, si no, siempre puede extraer material radiactivo de las Plantillas Devor-Olor Zapatillas que usa mi hijo el mayor, pero preferiría tener que ahorrarme un trámite tan peligroso”, explica la mujer.

“Este anuncio no es una sorpresa”, ha expresado en un comunicado el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Mike Hammer, recordando que “Margarita lleva años intentando desarrollar su propio programa nuclear porque su marido es muy de ver películas de acción y debe de haberlo aprendido de ahí”.

El principal detractor del régimen de Margarita es su nieto adolescente, que vive con ella. El joven se ha puesto en contacto con la ONU para informar de que en su casa no solo tratan de conseguir armamento nuclear sino que se violan reiteradamente los derechos humanos, “especialmente los sábados por la mañana”. Margarita, que gobierna su casa como un Estado soberano, defiende a ultranza su “derecho inalienable y no negociable” a enriquecer uranio y a pasar el aspirador temprano los fines de semana.