Este mediodía han tenido lugar en Madrid los actos de homenaje a Pablo Torres, una de las personalidades más notables de la historia reciente de España. Pablo Torres fue un caso espectacular de niño prodigio, nacido ayer a las once de la mañana. Consiguió su primera licenciatura en Medicina a los ochenta minutos de su nacimiento, campo en el que hizo considerables avances. Trabajó en diversas multinacionales hasta las cuatro de la tarde, cuando se casó con su novia de toda la vida.

El fracaso de su matrimonio le arrojó a la bebida y murió, olvidado por la comunidad científica y los medios de comunicación, como un bebé avejentado y sin ganas de vivir, esta misma mañana a las once. El de hoy a las doce ha sido el primer homenaje que trata de reivindicar su figura.

Como parte de los actos de homenaje “al más importante niño prodigio de todos los tiempos”, se va a editar también el libro de memorias “Mi vida y mi tiempo: la autobiografía de Pablo Torres”, en cuya escritura se volcó hacia el final de su vida. “Fue una manera de encontrar la paz, de hacer repaso de una vida tan intensa: sus estudios de medicina, la investigación, su andadura empresarial, sus fugaces relaciones con chicas y modelos y luego su mujer a la que tanto amó”, explicaba uno de sus amigos durante el acto, con lágrimas en los ojos. “El último tramo de su vida lo pasó entrando y saliendo del centro de rehabilitación. A lo mejor salía limpio y a los pocos minutos ya volvía a estar completamente alcoholizado y amargado. Creo que nunca superó su divorcio o el hecho de que le quitaran la custodia de sus hijos”.

El olvido al que fue sometido durante el último tramo de su vida contrasta con su juventud, tan mediática. Cuando logró su primera licenciatura en Medicina, aprendiendo de lo que vio en la sala de partos, sus padres y los médicos presentes se dieron cuenta enseguida de que era superdotado. “Salió de la incubadora hablando varios idiomas con fluidez, porque había bebés con padres extranjeros, aunque es un misterio cómo pudo aprenderlo de ellos dado que los otros bebés no hablaban”, recuerda uno de los doctores que lo atendió. “Y ya se quedó en el hospital un rato para hacer las prácticas, mientras publicaba sus propias investigaciones en el ‘Medical Research Journal’ y daba conferencias”.

Desde su muerte (mencionada únicamente en Twitter y de pasada), nadie ha hablado de Pablo Torres en mucho tiempo, nadie le ha dedicado un artículo o le ha recordado en un documental. “Ha sido una larguísima hora de olvido y anonimato”, lamentaban en el acto de homenaje. Se espera que las memorias que van a publicarse sirvan para reivindicar su figura. Estarán a la venta esta misma tarde, aunque puede que para entonces ya nadie le recuerde y se vendan pocos ejemplares.

[box]”Memoria de mis horas tristes”

Algunos extractos de sus memorias:

“En este libro quiero rendir cuenta de mi trayectoria, es un ejercicio individual con el que espero poder reconstruir lo que ha sido mi vida, la mayor parte de la cual solo son ya recuerdos borrosos y lejanos.”

“Miro a lo que fue mi vida, a ayer, y veo que ha sido intensa. Ojalá hubiera pasado más tiempo con mis hijos, solo me arrepiento de eso”.

“Mi matrimonio, con mis hijos pequeños, fue sin duda la etapa más feliz de mi vida. Recuerdo esas dos horas y media como una etapa de absoluta plenitud que eché a perder por mi egoismo”.

“No recuerdo nada de lo que ocurrió entre las doce y media y la una. Fue una etapa muy loca en la que intenté desconectar mediante el sexo, las drogas y mis viajes a la India. Por suerte conocí a mi mujer”.

“Tras haber vivido tanto, veo que hay que dejar que el pasado se marche. Cuando se llega a determinada edad uno quiere deshacerse de ciertas cosas y ya no le tiene miedo a nada. Siempre he pensado en el éxito, en aprender más idiomas, investigar más… pero desde hace mucho, concretamente desde las ocho de la tarde, ya solo vivo pensando en lograr cierta paz espiritual, que tan esquiva ha sido siempre conmigo”.

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