Esta mañana, el servicio de limpieza del Congreso de los Diputados ha sorprendido a Mariano Rajoy dentro de una galería excavada detrás de un retrato de José María Aznar. En el túnel, de seis metros de profundidad y uno de altura, estaban trabajando la ministra de Fomento y el presidente con dos cucharas soperas y un berbiquí. Nadie ha querido hacer declaraciones, pero El Mundo Today ha podido hablar con el ujier J.H.N. que, desde hace semanas, observa conductas poco habituales. “El ministro del Interior ha estado haciendo fotocopias de pasaportes venezolanos de todos los integrantes del Gobierno con la excusa de que eran para probar el tóner nuevo”.

“Los Consejos de Ministros son muy curiosos: Ana Pastor va con su martillo neumático, Cañete lleva comida enlatada y Montoro pone hip hop muy fuerte para que no podamos escuchar nada desde fuera”, explica el ujier. “Son detalles que por separado no llaman la atención, pero cuando ves que al salir de las reuniones van dejando caer tierra de los bolsillos, pues hombre, te escama”.

Con estos antecedentes es fácil que el ujier, con más de veinte años de experiencia a sus espaldas, se lance a hacer conjeturas. “He visto a Mariano Rajoy hacer una réplica de su cabeza con pasta de papel y decir que era para un trabajo de sus hijos. Eso me extrañó, porque el presidente es más de jugar con plastilina.”

J.H.N. cuenta que este gobierno no sería el primero que intenta escapar. Se trata de una práctica habitual que inició Carrero Blanco con un autoatentado mal calculado, y que han mantenido todos los gobiernos de la democracia. Desde Adolfo Suárez, que simuló un golpe de estado hasta Zapatero que, más práctico, convocó elecciones anticipadas. Aunque lo más sonado fue el “Túnel del Ebro”, una ruta de escape faraónica proyectada por José María Aznar. Se trataba de unas galerías que iban por debajo del curso fluvial y que debían llegar hasta Murcia, donde esperaba el Hovercraft Presidencial, un capricho del presidente que nunca se materializó.