Un pequeño drama personal ha colapsado esta mañana el aeropuerto madrileño de Barajas: Rafael Saltez, informático de 35 años, se disponía a embarcar en un vuelo de Iberia en dirección a Cuba con el fin de “pasar unos días de vacaciones practicando el turismo sexual como hacen cada año cientos de familias”. El pasajero estaba dispuesto a “aprovechar al máximo mis vacaciones y venía lleno de ganas, contento y morcillón”. Por desgracia, el exceso de ilusión y, en sus propias palabras, “la desproporcionada amabilidad del personal de la compañía”, han arruinado sus planes.

“Estaba en la cola de embarque pensando ya en las mujeres que me iba a pasar por la piedra nada más llegar a Cuba cuando una azafata de la compañía me pidió el DNI y me rozó con la mano al entregarle el documento. Como yo estaba excitado y ella está bastante buena, ocurrió el desastre y me corrí”. Tras el incidente, Saltez quiso anular el viaje pero la compañía se niega a devolverle el importe del billete.

Rafael insiste en que “llevaba meses reservándome para este viaje y lo he dado todo antes de despegar. Ahora Cuba no me apetece una mierda y nadie se hace responsable”. Otros clientes que compartían vuelo con la víctima se han solidarizado con su causa amotinándose en la cola de embarque. “Me podría haber pasado a mí o a cualquier otro. Trabajas como un perro durante el año, te aguantas unos meses para estar a la altura durante las vacaciones y en el último momento te roban la ilusión y las ganas de viajar”, se queja un experto turista sexual, añadiendo que “esto es como ir al cine y que la taquillera te cuente el final de la película”.

“En Iberia hacemos todo lo posible para que el cliente no eyacule”

La compañía ha intentado convencer a Rafael para que suba al avión “y disfrute de la belleza y las oportunidades de Cuba”. El cliente, sin embargo, considera que “Cuba es un truño si no vas a lo que vas, y además hace un calor que te cagas”. El resto de pasajeros apoya a Rafael sin reservas y ha improvisado pancartas con el lema “Quien se corre no vuela”. Iberia insiste en que “excepto en los vuelos con final feliz, hacemos lo posible para que el cliente no eyacule y por eso en las revistas del avión hay artículos soporíferos sobre cosas que no tienen la más mínima importancia. Además, nuestras azafatas son señoras con más de 30 años de experiencia y muchas varices”. Las excusas, de momento, no son suficientes para calmar el ánimo de los turistas sexuales, que planean una “huelga de semen” si las autoridades no se ponen de su parte.