La Dirección General de Ordenación del Juego ha decidido retirar de los locales recreativos una máquina tragaperras cuyo premio gordo incluía una felación. El aparato disponía de una ranura acolchada en la que el ganador depositaba su miembro viril, que era convenientemente estimulado durante cinco o diez minutos, dependiendo de la cuantía del premio. Según las autoridades, “Sarita” -nombre con el que se conocía a la máquina popularmente- no reunía las condiciones mínimas de salubridad, era discriminatoria y, sobre todo, generaba adicción.

“Se juntaban ludópatas con adictos al sexo y con cachondos comunes, es decir, hombres como usted y como yo, que daban una imagen bastante lamentable del género humano, por decirlo suavemente”, explica uno de los supervisores, quien añade que “tampoco lo hacía tan bien, se notaba que era una máquina porque no había cambios de ritmo”. La máquina, eso sí, recaudaba ingentes cantidades de dinero y de semen, el cual “era trasladado a bancos de esperma por lo que encima se recibían ayudas del Gobierno”.

La empresa fabricante de “Sarita” no comprende tantos remilgos. “Fomentas la natalidad, fomentas el negocio y fomentas la relación del hombre con la tecnología. Yo la verdad es que no entiendo a esta sociedad”, se lamenta Gregorio Laviñas, responsable de “Juegos y Mamadas Laviñas e Hijos”. Laviñas cree que las autoridades “se contradicen porque te dan ayudas por un lado y por el otro te dan palos”. Insiste también en “el derecho de cualquier español a meter el pene en las ranuras que quiera siempre que se respete el horario y el descanso de los vecinos”.

“Era el único sitio donde podía meterla”

Las primeras “Saritas” han empezado a retirarse esta mañana en distintos locales de la geografía española provocando en algunos casos “situaciones entre patéticas y tiernas”, en palabras de Francisco G. Mail, propietario del bar “Gemail’s”. Explica Francisco que “Pancho estaba muy enganchado a la máquina y se ha agarrado a ella como si le estuvieran arrebatando a una hija. Lloraba desconsolado, el pobre, mientras otros parroquianos se choteaban de él diciéndole ‘Ahora, a jugar al solitario, mamón’. Sarita era su vida, le mantenía conectado con el mundo de los afectos”. El propio Panchito ha declarado que “es como si mi pene se hubiera ido con ella también porque era el único sitio en el que podía meterlo. Puedes follarte máquinas de tabaco pero no es lo mismo, aunque es cierto que te dan las gracias”.