La reina Isabel II inició el pasado martes el cuarto y último día de celebraciones con motivo de su Jubileo de Diamante. Apareció en un servicio en la catedral de Saint Paul y luego realizó un recorrido por Londres en dirección a Buckingham. En todo el recorrido, mientras una multitud colmaba las calles al paso de la reina, ésta estuvo carraspeando y aclarándose la garganta mientras saludaba a los londinenses. Ya en palacio y desde el balcón, anunció al país su intención de escupir la conocida “flema inglesa”.

Los carraspeos, sin embargo, se han prolongado durante seis días, arropada Isabel II por una multitud que no ha abandonado los jardines de Buckingham en ningún momento, aplaudiendo y lanzando salvas cada vez que la soberana parecía desfallecer o se ponía roja entre toses. Finalmente, la ha expulsado a las 7:00 de hoy en una parábola que ha sido descrita como “regia, trazada con tiralíneas, digna de una gran monarca”.

Tras escupir la flema, no han cesado los vítores durante dos largas horas. “En momentos así, te sientes muy orgulloso de ser británico. Nosotras venimos de Midlands y el objetivo era ver a la reina y a la familia real”, explicaba a EFE una chica ataviada de azul y rojo en los jardines de Buckingham. “No esperábamos que tomara la decisión de hacer algo tan importante. Ha sido precioso verla escupir, con fuerza, en una parábola precisa que ha llegado lejísimos. Es la muestra de que podría reinar sesenta años más, si quisiera”.

“Isabel II ha enfrentado hoy uno de los momentos culminantes de su reinado”, ha publicado el diario The Times en cuanto se ha sabido que la reina había conseguido expulsar de su cuerpo la conocida flema inglesa. Tras hacerlo, a la mandataria le ha quedado aún suficiente flema como para verla caer y decir con ironía y elegancia: “Qué decepción, queridos, no tiene los colores de la bandera”.

Pese a todo, ya nadie espera que Isabel II siga afrontando su día a día utilizando la flema inglesa. “Va a haber más gritos, más golpes en el pecho y más cabezazos contra los muebles”, señalaban en el Times. Más allá del boato y los aplausos, se abre ahora un interrogante: ¿Debería tomar el relevo de la flema el príncipe Guillermo o es mejor depositarla en la Tower of London, junto al resto de joyas de la corona, hasta que se resuelva el tema de la sucesión?”.

Al conocer la noticia, Juan Carlos I ha hecho saber que, cuando llegue el momento, él también se sacará un “paluego” de jamón que lleva paladeando desde su coronación.